[Semana del cuico culiao] La mano cuica que cagó los conciertos en Chile

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Para alguien que le gusta la música, ir a un concierto es una de las mejores cosas que te pueden pasar en tu miserable vida, sobretodo si viene uno grupo que esperaste por mucho tiempo o sus integrantes ya están entrando a la edad de la demencia senil y cualquier hueá puede acabar con décadas de excesos antes de que se les ocurra venir a esta parte del mundo.

Ningún sacrificio es mucho si aparte de compartir los olores, la piel sudorosa y fluidos imposibles de identificar con los que luchan contigo por un lugar en la reja, puedes sentir ese cosquisheo en los techecas que te da tener a tu banda favorita tocando en vivors en tu propio país.

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“Son un público bacán”

 

Tenemos la “suerte” que desde hace diez años MAS MENOS, Chile apareció en el radar de muchos grupos que antes creían que Sudamérica sólo era Argentina y Brasil.

Desde emblemáticos como los Rolling Stones, el ladrón culiao de Pink Floyd – no sé cual es cual porque tocan las mismas canciones –, el Beatle penca, Pearl Jam o Iron Maiden – que están a una venida de tener que ir a votar en Macul –, hasta la última mierda hipster Super 45 pasada a caca que tres pelagatos conocen y dos los van a ver.

Pero no importa, ahora siempre hay conciertos en Chile y es lo que cuenta. No como hace 20 años, donde no venía nadie a este país culiao y cada vez que había un concierto, uno pensaba que iba a ser la única oportunidad en la puta vida de ver a tu banda / cantante favorito.

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Y efectivamente fue la primera y única vez vino Maikol Yakson.

Con la masiva oferta musical actual, se ha producido un fenómeno que podríamos llamar como “ el abuso de las productoras de mierda”. Hueón, yo vi el Filthy Lucre de los Sex Pistols el 97 y la entrada no salió ni seis lucas, pero ahora, hasta para ver al último perkin culiao te aforran el tremendo palo. ¿Por qué? Porque los hueones creen que uno es un cuico culiao que le sobra la plata para gastar en conciertos.

Las productoras ven una oportunidad de negocios, la toman y aunque te metan el pico y las bolas, y aunque la entrada para ver x grupo salga de dos a tres veces en promedio más cara que en Argentina o Brasil, uno la termina pagando igual como los hueones. Porque no es lo mismo ver a Prisma, Caja Negra o H – Sur o cualquier banda tributo que toca en El Playa, que ir a ver a la banda de verdad.

Aunque pidai la hueá a ocho mil cuotas, tengai que endeudarte, aunque quedís a la conchetumadre y más allá – en Depeche Mode estaba tan lejos que el audio llegaba con delay o en el de Paul McCartney donde hasta en la pantalla gigante no se veía ni pico porque los culiaos de las productoras dividen el recinto en super perkin, perkin, normal, aspiracional y millonario en vez de hacer cancha general como debería ser y dejar que la selección natural determine los lugares a combos, punzazos e insultos –  la pera que te da pensar que quizás no vengan de nuevo te hace pagarlo igual.

Aunque tengai que pegarte el pique de Antofagasta para ver a Anthrax y te enterís dos horas antes del concierto que la huea se suspendió después de la zorra que quedó en un concierto de Marco Antonio Solís, lo hacís igual. Porque te nace, porque creís que vale la pena y aunque sea una lástima, aceptai que las productoras nos tengan de los cocos. La hueá es que hasta cierto punto, la música es lo que te mueve. Por último comer fideos blancos durante dos meses vale la pena cuando teni a Rammstein tirando fuego por las tetas al frente tuyo.

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No obstante, aparejado a la masiva oferta musical y al ya consabido aprovechamiento de las productoras, el fenómeno de los festivales terminó por empeorar la situación aún más. Al principio teníamos el SUE, que aunque igual era un poquito levantado de raja igual valía la pena, pero después todo se fue a la chucha. Las productoras dejaron de vender el concierto y pasaron a vender “la experiencia” de estar ahí. Al pico al música, lo importante es tuitearlo, sacarle fotos y que todo el mundo se entere. Te ofrecen pool partys, pulseritas, barra libre, “food trucks” de tiendas cuicas de comida, minas ricas y cualquier huea accesoria, menos música.

La famosa mano del cuico al que no le importa nada más que la apariencia, la experiencia inmediata de decir “soy parte de” solo mostrando una fotito hueona, había tocado los festivales y conciertos.

El Lollapalooza fue grande en su tiempo, en Estados Unidos, donde te ofrecían hueás indies y rock “alternativo” cuando esa huea realmente existía. Pero por supuesto se degeneró con el tiempo y aquí llego igual como llegó H&M al Costanera: la hueá era ir porque había que estar ahí, porque las luces y las cámaras estarían allí, y no hay nada que excite más a un cuico que las cámaras.

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Piknic Electronik, un invento de Heineken. Una hueá dedicada a la música, no a las cámaras como pueden ver.

Si bien pese a todo, los primeros 2 o 3 Lollapalooza tuvieron un cartel fuerte, cada año se fue yendo más a la mierda y pasó a tener solo dos o tres hueones que valen la pena y los otros 50 culiaos que nadie conoce o son eternas promesas como Anita Tijoux – que se gana la vida tirándole mierda a los cuicos, pero lo pasa la zorra en las fiestas Adidas y no tiene ningún problema en aparecerse en sus eventos – son puro relleno. Francisca Valenzuela, GEPE, Javiera Mena, Astro (QEPD) y pura challa por el módico precio de sesenta lucas o más.

Y no me vengan con la mula de que “es que solo un millenial reconoce a los artistas que vienen” porque el Lollapalooza no viene a sacar gente under de Chile ni a traer truly unders a precio under, viene a venderte a un culiao que tiene con cuea un disco y que alguna revista hipster decidió que era el artista revelación porque se vestía bien, y que la productora decide que es UN FAMOSO que justifica el robo deliberado en el precio de la entrada.

Pa que hablar del Primavera Fauna, que ahora le dieron vuelta el nombre y suena como el pico, que es un Lollapalooza pobre pero que te pegan el palo igual por ir a ver juntos a los mismos culiaos que rellenan en todos los otros eventos en Chile y que puedes ir a ver gratis o por un precio decente el resto del año por separado.

Hola, soy GEPE, el comodín de cualquier festival culiao.

Hola, soy GEPE, el niño símbolo del relleno de cualquier festival culiao. Podría poner una foto de Javiera Mena o de Francisca Valenzuela y usar la misma descripción.

Más encima, las productoras agarraron la maña de vender las hueas en “verde” y cada año es más caro (lo que no asegura un festival mejor cada año). Crean un montón de expectativas sobre el cartel: que viene Juanito, que viene Pedrito, que viene el hueón más bacán del mundo. Entonces, los cuicos se urgen y compran sus entradas a una millonada – que para ellos es una chaucha – para que al final el hueón que prometieron no venga y terminen poniendo a un saco huea que no conoce nadie.

Pero es porque a los cuicos les da lo mismo el line-up, ellos no van a disfrutar de la música en la misma forma que vai vo a la pista atlética del Nacional o al Club Hípico a comer tierra y jalar olores de los demás, ellos van pa la pura foto, la música les importa una raja. Ellos son felices mostrándose, subiendo fotos de sus “outfits” porque pa ellos la hueá no es concierto, es pasarela. Van con sus coronas de flores a ver a sus artistas favoritos del momento de los que sólo conocen tres canciones – las que usan en los comerciales del retail –  y de los que nunca van a volver a saber. Porque el cuico es así, no le gusta repetirse el plato, le gusta siempre estar a la vanguardia y por eso vienen a ver a hueones que no conocen.

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¿Si no son nuestros viejos amigos Bruno y Axel Alexa en el Fauna Primavera? Valientes

 

Entonces el hueón promedio, el lector de Loserpower, los editores pastabaseros, nos vemos atrapados por las productoras que nos asaltan que son propiedad de cuicos culiaos y nos hacen debatir entre asumir el pico en el ojo a cambio de ir a ver a la banda culiá que te hace saltar la cuchara o hacerte el antisistema, mandarlos a la chucha y salir con el puño en alto y un neumático bajo el brazo a comenzar la revolución armada. Pero como en el fondo sabes que un cuico culiao- o peor aún- un aspiracional conchetumadre inescrupuloso no tendría asco en pagar el doble que tú por tú lugar con tal de tener la foto en Instagram, te pones a juntar las chauchas con resignación, soñando que algún día…

ESTOS CUICOS CULIAOS SALGAN DE LOS CONCIERTOS!!!

FUERA DE LA MÚSICA ADINERADOS BASTARDOS HIJOS DE LA PERRAAA!!!!!

 

 



A ESTA HUEÁ LE DOY:
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