Programa especial doble: El caos experimental de Begotten y la absoluta depresión de El Rey de la Muerte. Dos películas de mierda llenas de puras cochinás.

Cuando las peores experiencias humanas como la violencia, el dolor, la desesperanza o la misma muerte se entremezclan con la religión, la creación, Dios o cualquier leyenda bíblica, para conjugarse en una película perturbadora y demasiado experimental, la única sensación posible, luego de procesar y contemplar esta amalgama de demencia, es la absoluta confusión. Eso es Begotten del director Edmund Elias Merhige (también director de Shadow of Vampire), su ópera prima. Provocadora, dudosa, lunática, enigmática y demasiado grosera para siquiera entenderla. Begotten, el Engendro del caos de la creación reinterpretado. Lo mismo sucede con El Rey de la muerte (Der Todesking) del director alemán cochino como nadie Jörg Buttgereit, que en su retorcida cabeza (la misma que hizo la mejor historia de amor entre cadáveres: Nekromantik) relata historias sobre suicidas y sus últimos momentos de vida. Sus tormentos y sobre todo su principal motivación: ser recordados aunque sea un pequeño instante.

Begotten

Poco se sabe de las buenas o malas películas que juegan con lo peor de la humanidad. Siempre son demasiado independientes o underground como para comprarlas en el persa o arrendarlas en un Errol’s. Internet, por suerte, es nuestra gran fuente de piratería y, en este caso, de distribución de cintas (vhsrip) que ni por suerte veríamos en Shile. Ni en Latinoámerica, ni cuando haya un cataclismo que se trague a Piñera culiao conchetumare, o cuando se acaben Los Venegas y el Compadre Moncho devuelva la plata. Jamás.

De manera personal, debo agradecer a una persona que no me acuerdo su nombre, que hace más o menos unos ocho o más meses meses me envió un correo homosexual con un link de descarga a una película en blanco y negro saturada, sin diálogos, sonido perturbador y con una trama, aparentemente, inexistente. Ésa era Begotten. Es, todavía. Y es hora de que los que no la hayan visto, sean testigos de la experimentación más brutal hecha en el cine en harto tiempo. No digo que no hayan más ejemplos como Begotten, pero hasta ahora, Taringa no me ha dicho nada.

Big Bang Theory al chancho

Begotten es una cinta en blanco y negro, saturada tanto que a veces molesta, que se demoró casi 4 años en realizarse. No tiene diálogos, ni una línea argumental coherente. Al menos al principio. Es, desde el primer segundo, estresante, confusa y por sobretodo, demasiado grotesca. Su director, el estadounidense Edmund Elias Merhige, conocido posteriormente por su curiosa adaptación al clásico del cine impresionista alemán Nosferatu del año 1922 dirigida por el F.W. Murnau. En The shadow of vampire, Merhige adapta, no la historia del vampiro Nosferatu, sino la producción de la cinta, lo que sucedió mientras se rodaba la primera película, en ella retrata magistralmente al director, su equipo técnico y al actor alemán que interpretó al mítico conde. Me estoy yendo por las ramas, volvamos a Begotten.

Explicar de qué se trata Begotten es casi imposible. Al carecer de todo lo que normalmente tiene un film para ser medianamente comprendido por el público y odiado por la crítica, hace que la tarea de entender -aunque sea un mínimo- y procesar las imágenes -y a la vez interpretarlas- se vuelva una molestia y un frustrante ejercicio mental innecesario. Begotten es más que nada, hasta llegar a los créditos finales, interpretación de lo que Merhige reinterpreta. Por lo tanto, mientras se ve, entendiéndose o no, la película es un verdadero caos experimental que traspasa la locura y cualquier sentimiento humano. Me explico. Pero no tanto, porque tampoco es que yo sea un experto analizando hueás o entendiendo películas de mierda en blanco y negro picás a shuper. Begotten trata sobre la creación, sobre la humanidad y los ciclos de la vida. Existen sólo 3 personajes que mantienen la historia. El primero, que representa al origen, a Dios (en los créditos es “God Killing Himself“), está sentado sobre una silla de rueda que representa un trono, desesperado y apuñalándose repetidamente hasta morir. Mother Earth (también según los créditos finales), el siguiente personaje es una sensual mujer que baila alrededor del cuerpo de God Killing Himself. Ella representa lo que podríamos llamar la naturaleza, el yang de la creación. Mother Earth masturba el cuerpo muerto de Dios hasta hacerlo eyacular. De eso y luego de meterse los deditos con moquito por el sapito, nace Son of Earth/Flesh on bone. Es decir, la humanidad.

El resto de la película es absolutamente subjetiva. Cada uno entiende lo que quiere. Por ejemplo, en la mitad, un grupo de monjes errantes torturan hasta matar a Son of Earth. Qué significa? No sé. Que la vida es un ciclo y todos deben morir y renacer porque la vida es una gran espiral culiá que no termina nunca. Puede ser. O tal vez no. Si al final, probablemente, Edmund Elias Merhige ni siquiera quiso decir eso. De hecho, según wikipedia, nada tiene que ver con lo que entendí. No todo al menos. Según sus propias palabras la realización de la cinta tiene su fuente de inspiración en un accidente que sufrió a los 19 años y utilizó el dolor humano para, a partir de sus experiencias, hablar de la peor manera sobre, como dijo Mufasa, el ciclo de la vida.

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Mediafire se ahueonó y borró los links, pero pueden verla online por acá

Si no se convencen con lo que intenté explicar arriba, el trailer.

El Rey de la Muerte

Sí, la tengo en VHS.


Antes de hablar de la cinta en cuestión, quiero instruirlos un poco en el demente mundo del director alemán Jörg Buttgereit. No es que sepa mucho tampoco, pero cuando ves su filmografía una y otra vez se pueden sacar algunas conclusiones. Nació en Berlín, Alemania el 20 de diciembre 63, como mi mamita que tiene un año más y está en el presidio, y el hecho de nacer en un país asolado por la guerra ya lo hace un lunático. Su cine sobre todo. Siempre que veo directores de cine de países occidentales que no hacen películas de arte por arte, en blanco y negro, minimalistas, con actores que reniegan del establishment o como se escriba la hueá, me agradan. Pero también asustan. Es el caso de Jörg Buttgereit que con el respaldo de una nación en ruinas después de ser derrotada por los otros hueones (redujeron historia, no cacho más países que Yugoslavia y Alejandría), podría incursionar en ese tipo de cine. Pero para qué optar por lo fácil si puede hacer lindas películas con toda la basura que tiene en la cabeza. Buttgereit es como Suheiro Maruo. Para mí, siempre los que filman estas demencias son como japoneses que no nacieron en el archipiélago. Alguna conexión deben tener, un gen, una mala costumbre, no sé. Pero tienen tanto mal gusto como ellos y logran que la humanidad no valga ni la pena. Osea, si han visto Nekromantik saben de lo que estoy hablando. Esa fue su gran obra. Si comparamos, para Kubrik su obra maestra es 2001 Odisea en el espacio, para Clint Eastwood debe ser Million Dollar baby o quizás los Puentes de Madison, para el sacowea de Amelie debe ser Amelie y así. Todas ellas son filmes bonitos, emocionantes, sensibles y aclamados por la crítica. Para Jörg Buttgereit es Nekromantik que se sumerge en las sucias aguas de la necrofilia y nos cuenta lindas historias de amor con cadáveres malolientes. Maravilloso. Pero esto no se trata de Nekromantik, ni de su asquerosa y aún más repugnante secuela, acá estamos hablando de una hueá seria, paranoica y tan estresante como su anterior obra: El Rey de la Muerte.

Jörg Buttgereit impregna todas sus películas con lo que, al parecer, raya. Y en mala. La muerte siempre ronda y sus protagonistas o están muertos, asesinan, se matan o están demasiado ocupados siendo descuartizados. En El Rey de la Muerte todos se matan. Como Raid, bien muertos. Lo que hace el director es enfocarse completamente en lo que pasa por  la cabeza enferma de un suicida poco antes de hacerlo. Pasa de estados de total calma y normalidad a inesperados cambios en donde la agobiante desesperación se apodera de sus personajes haciéndolos perder el control. Algunos más complejos que otros, cada suicida tiene un motivo poco aparente para acabar con su vida. Buttgereit estructura el Rey de la Muerte como la sucesión de los siete días de una semana cualquiera donde en cada uno nos muestra la tortuosa y muy poco importante vida de un potencial asesino y suicida. Cada situación es tan desesperante como la anterior y los motivos, que parecen ser simples caprichos, son profundos y posiblemente irreversibles para una conciencia perturbada y solitaria. Con todo, El Rey de la Muerte parece más una película de mierda llena de dramas oníricos depresivos con hueones solitarios y atormentados que buscan la solución en la muerte. En parte posiblemente lo es. Lo que hace interesante a esta película es el punto de vista. Jörg Buttgereit en una de las siete historias intenta descifrar la verdadera motivación del suicida. No soy capaz de interpretarlo así que copio el diálogo completo.

(…)El suicida no está pensando solamente en su muerte. La criatura engañada de la vida quiere poner un último símbolo poniendo de esta manera un sentido a la vida. La frustración sobre su misma existencia y la ignorancia de una comunidad egoísta y agresiva se libera en este acto de venganza universal. El suicida quiere que le duela a todos los que le ignoraban. Por lo menos una vez está haciendo historia. Se encuentra en el ‘focus’ y por fin su biografía es de interés. Sale de una vida muerta por una muerte viva, sabiendo que por un par de días tiene toda la atención. esta esperanza absurda tiene más valor para él que toda su vida, la cual no podría vivir.

Ok, la hueá es densa. Se va en una volá muy profunda que a veces es imposible digerir porque El Rey de la Muerte es un gore medio conceptual. El gore conceptual no existe, que quede claro, pero es el mejor intento que nadie ha hecho en el cine. Por ejemplo, en la historia del loco del video club (con muchas referencias, partiendo por el nombre del local que es Videodromo y todos los VHS que aparecen en la estantería) es una de las más cochinas e incoherentes. Es así: Un hueón arrienda una película nazi sobre torturas en donde le cortan la pichula a un soldado americano y después le dibujan una suástica con el manguaco. Llega su mina, le da color y le tapa la tele, entonces el compadre piensa lo que todos pensamos cuando uno está viendo tele y llega la girla y te interrumpe: Si le pongo un tunazo? Hecho. Justo en el blanco. Después se cuelga. Eso no es gore conceptual, ni siquiera se acerca a ella. Ese tipo de narración está más impregnada en el último relato, en donde vemos como un suicida está casi diez minutos pegándose cabezazos en una pared.

El rey de la Muerte no es apta para personas que estén pasando un mal periodo. Si tiene depresión post exámenes o los dejó su polola NO LA VEAN, NO HAGAN TAL. Aquí está la muerte, se le ve la cara, clarita, nítida y el que la mira mucho rato se va cortina solito. No dejen que los consuma la decadencia que ronda la cinta. Y no dejen que ese cadáver que se descompone a medida que avanza el film los hunda en una tormenta de depresiones e inseguridades. No queremos ningún suicidio en Loserpower a menos que lo graben.

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