Pánico y locura en Lollapalooza sábado: cómo sobrevivir a una convención de leñadores

Este fin de semana Santiago ardió en llamas. Motosierra, Fergusano y Danitoo (tres ninjas de los conciertos) sudaron el Clos de Pirque de años pasados en el primer gran festival de música hecho en Chile. 28° a la sombra y una explanada de unos 500 metros de cemento hicieron que LollapaCumbia, el festival de rock donde Homero Simpson paraba balas de cañón con la guata, fuera una suerte de mega-asado humano en donde, para mala suerte nuestra, ningún picao a shúper se carbonizó. No esperen que hablemos de cómo sonaron las bandas u opinemos sobre lo que pudo haber dicho el culiao de Jane’s Adiction sobre el festival porque no estamos ni ahí; además, no fuimos a eso. Fuimos a dar jugo, a cuartiarnos minitz con shorcitos de mezclilla y falditas de colores, a correr mano y lo que nos caracteriza: fijarnos en hueás. Sin acreditación ni mucha plata y con cámaras desechables, Loserpower se adentró en la convención de leñadores más bizarra jamás hecha en nuestro país: Lollapalooza Chile 2011.

10 de la mañana, el sol pegaba con todo y como buen madrugador había que estar temprano porque llegar tarde es muy mainstream. En las filas ya había 100 camisas de leñador y apestaba a hipster. Una hora y cuarto más tarde el acceso se abre y el control policial no puede ser más relajado, así que mientras Motosierra llora porque podría haber entrado con su cámara shuper mega profesional,  rajamos a agarrar un vaso de Coca Cola (sin pisco, ni ron, ni vino. Coca Zero no más, solita, lo que nos auspiciaba un fin de semana sin consumir ni flagelo ni copete).

El ambiente estaba tranquilo, no había ninguna banda de peso en harto rato y con los cauros no estábamos ni ahí con ver a los ABURRIDOS de Los Bunkers ni a una muy tapada Francisca Valenzuela (sin ropa podría ser), así que nos pusimos a cachar qué tenía para ofrecer Lollapalooza aparte de música. De esta manera llegamos al módulo Windows 7 y lo que nos encontramos fue …

Sus buenas promotoras, harto computador para hacer twitteo influyente, Xbox para jugar un rato, etc,etc. Pero lo más destacable eran las promotoras. Todas ricas, apretaditas, rucias de a de veras, ricas piernas, buen potito, tetitas paraditas… ah, conchetumare. Promotoras de día, prostitutas de noche. Para meterse en sus sistema hay que usar doble antivirus. Y justamente había un vendedor de un supuesto “mejor antivirus del mundo que sólo funciona con Windows 7″ que no paró de hueviar hasta que Motosierra le dijo que usaba Vista. Faltaba un buen rato antes de ir a cuartear a la vocalista de Dënver, así que nos quedamos ahí tuiteando del corte. Momentos después me aproveché del pánico para pedirle una foto a una promotora, Motosierra es tímido así que él hizo las de fotógrafo.

Era hora de rajar, las minitz cacharon que andábamos en modalidad jote así que viramos. Aprovechamos de ir también al Kidzapalooza, habían stands de Lego y unos árboles marca Adidas que estaban piola para hacer cosas coshinas. Motosierra, después de quedar tan acumulado por ver a tanta mina rica en el stand Windows 7, no encontró nada mejor que conformarse con una figura Lego. Pobrecito (el Lego).

Pasando por al lado de Francisca Valenzuela, quien apenas entibiaba el Coca Cola Zero Stage con esas vestimentas tan recatadas,pasó el primer eliminado del reality, probablemente se pasó por la raja el control policial y quiso pasarse al VIP para robarse unas tillas Lacoste. En todo caso, dejo BYEN SUDAOS a los pacos que lo perseguían.

Pasando al Tech Stage el ambiente estaba pasado a Radio Horizonte, vimos un par de grupos y nos dio más hambre que la mierda, así que fuimos a cachar qué tal este sistema de fichas. 2 por 3 lucas, 10 por 10 lucas, de un momento a otro Lollapalooza se convirtió en la salitrera Humberstone y todo el sector de comidas era una pulpería abierta a todos los que tuvieran plata. En general, todo lo que probamos estaba LA ZORRA. Si andabas con más de 1 persona, la mano era comprarse los 10 tickets de una, gastarla en burritos y andar a pura agua todo el día. Terminamos de comer y fue hora de ir a ver a Cypress Hill drogarse. En el CLARO Stage quedaba CLARO que la revisión policial valió callampa. Pitos, cogollos, de todo. Y los gringoides nos dejaron en CLARO que saben de festivales.

El resto fue puro hueveo, en la tarde nos pasamos de escenario en escenario viendo a bandas que sin ser conocidas, dejaron su buena marca en el O’Higgins. Sin embargo, quedaba el bonus track, The Killers estaban por salir al escenario y el Coca Cola estaba a punto de explotar con fanáticas que valen callampa, que juraban que Lolla era un concierto exclusivo para ellos, que se enojaban si las empujabas y que fueron a puro mojarse por el Flowers. Cero cultura de festivales. Eso no nos detuvo para seguir vacilando mientras escuchábamos Mr. Brightside y nos lavábamos el pelo con Shampoo Sedal. Todo era entretención hasta que llegó uno de esos típicos hueones que se enoja si es que empujan a la mina. quiso armar mocha y un rusio maceteao le puso un combo en plena nuca. Tenía pura pinta de shuper el pao culiao. No podí armar mocha en The Killers, para eso estaban Los Pulentos o Astro.

Termina el primer día, cansados nos devolvemos a limpiarnos el sopeo acumulado, arreglar la voz, comer alguna hueá y preparar el bling bling, los dedos en forma de W y las maracas porque al otro día Kanye West iba a destruir el universo conocido. El domingo fue un día de buenos potitos, gringas, filas interminables, caos total en la Cúpula, Cat Power tocándose (y yo también) y rapeo. Próximamente: Pánico y Locura en Lollapalooza Domingo, a cargo del reportero estrella de Loserpower – o sea yo- y el fotógrafo shuper por alcance Motosierra.



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