Nos ganamos un lugar en el infierno: Siete relatos califas de colegios católicos

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Generalmente los colegios católicos en Chile son cualquier cosa menos católicos cuando están fuera de misa o de la clase de religión; el estudiantado es igual de califa que en cualquier otro establecimiento y eso deberían saberlo los padres y apoderados de los chiquillos. El ambiente conservador es un caldo de cultivo para el desorden hormonal, el atrevimiento y aventurarse en lo que, establecido dentro de la burbuja, está prohibido; aunque, en realidad no, sólo pasa que se intenta ocultar -aún más- algo que es normal en otros estratos sociales.

Los siguientes relatos fueron contados en exclusiva para Loserpower.

1. Inmaculada Concepción, San Fernando (1)

Yo estudié en el Inmaculada Concepción de San Fernando. Nos decían “el Inmaculiada” Concepción. Es un colegio de monjas super clasistas porque, lo dividían en dos: uno para las que pagaban y otro para las pobres que no pagaban. Cuando estudié yo, eran puras mujeres, así que historias calentonas no hay muchas. Había dos profes solteronas y se decía  que eran pareja y siempre se iban de vacaciones juntas a Europa, pero eran puros rumores. El profe de matemáticas era super califa.

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Inmaculiada Concepción

En tercero medio, una compañera tenía que dar una prueba de matemáticas atrasada, justo con el profe más califa. Ella era bonita y chiquitita y usaba el jumper bien cortito. Al profe no se le ocurrió nada mejor que citarla a la salida de clases, a ella sola en una sala del colegio. La sacó la pizarrón y le dice que se suba a una silla, pa puro mirarle los calzones. La chica se dio cuenta y se fue en mala y lo mandó a la chucha. Quedó repitiendo. Después se supo que se comía a otra compañera. La hueona tenía miles de décimas acumuladas y nunca las usaba porque se sacaba puros sietes. Pensábamos que iba a ser monja, tenía todo el perfil.

En todo caso, me acuerdo que el 2004, cuando iba en cuarto medio, a un par de minas las pillaron comíendose en el baño. Fue justo para Semana Santa y todo el colegio andaba pendiente del Vía Crucis en el patio. Ahí las minas aprovecharon y se metieron al baño, pero las pillaron. Todo el colegio sabía quiénes eran, pero se tapó la cuestión. Se supone que hablaron con ellas, como que las “orientaron”, pero ahí no más quedó la cosa. Después, una se fue de intercambio a Estados Unidos y volvió más machorra.

 

2. Liceo San Felipe, Coyhaique

Mi colegio era mixto y siempre, cuando hay hombres y mujeres pasan hueás calentonas. Me acuerdo de las típicas historias de retiros espirituales y campamentos aunque, el colegio tenía unos profesores cuáticos, como el de religión que era fleto y más encima le pegaba a la señora, y el de educación física, que tenía una obsesión con el pico. Vivía hablando del pico, siempre. Todos los días, unos quince minutos por clase. Que el pico aquí, que la paja allá, era una hueá patológica. Incluso un día, que nos estaba dando una “cátedra” de la paja, el hueón llega y se baja los pantalones pa mostrarnos los calzoncillos y decirnos lo orgulloso que se sentía de que no tuviesen manchas de polución. Era una hueá que hacia todos los años y con todos los cursos.

En ese tiempo uno no veía las cosas con tanta maldad como de adulto pero, puta, haciendo memoria, se notaba que era enfermo, además de ser el profesor más barrerero que he conocido. Una vez, a un compañero le robaron un billete de 500 – cuando se usaban – y nos hizo empelotarnos a todos los hombres en el camarín. Ya veía que nos hacía un examen rectal. Al final no pilló nada, pero un apoderado supo y dejó la casa de putas, aunque no pasó nada y el viejo seguía haciendo odas al pico y mostrando sus calzoncillos. Creo que todavía trabaja ahí.

N. del E.: ¿Si el profesor mostraba los calzoncillos era porque no se cambiaba de ropa después de dormir? Dejo la duda planteada.

 

3. Monjas Inglesas, Reñaca

reniaca

En mi colegio, le daban una distinción a la que representaba de mejor manera los “valores marianos”, la Mater Admirabilis. En el fondo se la daban a la más pechoña y a la que andaba a la siga de las monjas. Cuando iba en cuarto, se lo dieron a una cabra de mi curso, que me caía como el pico. Era terrible de puta y se conocía todos los miradores de toda la Quinta Costa y siempre la iban a buscar tipos más viejos. Según ella, eran sus tíos, pero todas sabíamos que se la hacían cagar. Lo que no sabía era que le daba a lo que se moviera, hombre o mujer.

Una vez, la mina pidió permiso para ir a rezar a la capilla para que le fuera bien en la PAA. Como era fin de año y no estábamos haciendo nada en clases, la profe le dio permiso. Además, todas las monjas y los profes le compraban su parada de beata y fue no más. Estaba más aburrida que la cresta y pedí permiso para ir al baño y sacar la vuelta y me dijeron que sí. Recorrí todo el colegio para demorarme lo más posible y, cuando pasé por la capilla, quise ver si estaba esta mina rezando. Y estaba poh, ¡Pero había otra cabra de segundo que le estaba chupando la zorra en una banca! La hueona tenía la falda a la altura del ombligo y la otra cabra estaba encajada entre sus piernas.

Lo más vergonzoso de todo, es que igual me calenté un poquito. Todas las minas siempre nos agarramos a otras minas por hueviar, pero esto era otra hueá. Estuve como cinco minutos mirando. Fue una hueá impactante y lo único que quería hacer era contárselo a alguien. Pero me quedé callada, hasta que un día, la mina se agarró a un cabro que me gustaba. Yo era super pava y lo tramité mucho y apareció esta otra, que tenía tremendas tetas y se lo comió en un carrete que hicimos, cuando salimos de cuarto en la playa. Me emputecí tanto que la vi sola y le dije piolamente que la había visto en la capilla. La hueona se puso roja y pensé que me iba a pegar. Al final, la mina me dio un perfume para que me quedara callada. Debería haberle pedido más cosas.

 

4. Inmaculada Concepción, San Fernando (2)

Una vez, una monja nos dijo que “si perdíamos la virginidad por accidente”, teníamos que rezarle a la Virgencita para pedirle otra, por gracia, para el marido. Imagínate, un colegio de puras minas, el paraíso para un pervertido. De repente nos hacían cantar canciones onda “Jesús no puedo abandonarte porque en mi penetraste” o “Sólo hay que juntarlas para orar y abrirlas para dar”. Imagínate una capilla con sesenta niñitas cantando eso.

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Y repito la foto, qué weá?

Una vez, una monja nos enseñó a poner un condón, por que el ministerio estaba apretando con los planes de educación sexual. Entonces, sacó un plátano gigante y un condón. Lo sopló y se lo chantó al plátano. De ahí que no puedo poner un condón, me cago de la risa en el acto. Me cagó la vida la monja.

Un colegio de minas es el paraíso para un hombre, por eso las monjas no contrataban a profes jóvenes y, si lo hacían eran terribles de feos. El profe de matemáticas era terrible de califa. A nosotras nunca nos tiró las manos, pero lo acusaron de abuso sexual (No en mi colegio, en el Liceo Comercial donde pituteaba). Las monjas le prestaron ropa, hasta que cacharon que las pruebas eran irrefutables.

 

6. Santa Rosa de Lo Barnechea, Santiago

El Santa Rosa es un colegio donde pillas de todo, pero la mayoría son cabros de clase media-baja. Además, es super raro porque, hay monjas y curas, pero siempre contratan profes gays, partiendo por “el cordi”. Además, está rodeado por colegios cumas, como el San José o el Complejo, donde va lo más granado de Lo Barnechea y, fiesta de colegio que había, terminaba con balazos o embarazos. Pero, en el colegio, no pasaban muchas cosas. Nunca supe de profes que se agarraran alumnas o de cabros que los hayan pillado culiando en el colegio. Igual tengo una historia, que es la típica historia que se pasa de generación en generación, aunque yo te doy fé de que es verdad.

Resulta, que una vez, pillaron a una cabra gatillándose en el baño, pero no estaba masajeándose con el puro dedo, sino que se estaba metiendo una vienesa y la hueá se le quebró y le quedó un pedazo adentro. No tengo claro como la pillaron, pero la tuvieron que llevar a la posta para sacarle la hueá. De ahí, la cabra quedó como “Juana Vienesa”. Iba un par de cursos arriba que yo y nunca más la volvimos a ver. Hay montones de versiones de esa historia, pero esta es la original, incluso salió en La Cuarta y quedó la pura zorra en el colegio.

 

7.Colegio Preciosa Sangre, Purranque

Preciosa sangre.

Preciosa sangre.

Mi colegio era de monjas, pero mixto y siempre corrían rumores de los cabros que se iban a echar un polvo, atrás del colegio, al gimnasio abandonado que estaba a medio construir. Se decía que la profe de lenguaje se había comido a un alumno de cuarto para esa cuestión de las alianzas, durante el aniversario del colegio, pero sólo era un rumor.

De lo que me enteré hace poco, es que mi profe de historia y jefe de UTP, un devoto católico, tuvo una relación extra marital con esa profe de lenguaje. Era el típico hueón que vivía predicando, además de alumbrar su y perfección y la de sus hijos, que ahora andan metidos en el Opus Dei. Imagínate, un compadre que se creía un santo en vida, cagándose a su señora con una profe que, más encima, le hace pa los dos lados porque, ahora, se come a una profe de educación física, que es igual a la Bachelet.

Y ustedes lectores ¿Tienen alguna historia jorni de sus colegios católicos?



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