LP Turismo: Rainbow, ke saen de cagar en zanjas y limpiarse las manos con cenizas mágicas

cabecerahipies

Una historia original de Pablo.

“Los Hippies no han muerto” me dijo el Guatón al mencionarme la existencia de un secreto encuentro que se hacía una vez al año y que solo podías llegar si eras invitado o referido por alguien que ya había asistido, ­—como la micro le dije; un carrete mítico que se celebraba una vez al año en Concepción donde se juntaban todas las tribus urbanas cliché de la época que gozaban al son de mambos infernales y ponche barato.

— No po weon , esto es otra wea —

El Arcoiris po xoro; minitas bañándose empelota, marihuana al destajo; como le gusta al roto, aislado de la urbe, naturaleza, sus carpas y no pagay niuno po… mi polola me invitó y cacho que me voy aburrir más que la xuxa pa que pasen con los cabros…eso si no pueden llevar copete.

Ya nomás le dije, cuando pasemos por Coñaripe (que fue donde se celebro ese año) te llamo pa ver que se teje.

Puta la wea en esos tiempos una mochileá sin emborracharse por las noches no tenía niun llobri.

Así que hicimos las moneas pa una movida más menos suculenta, cosa que nos quedara al momento de llegar a Coñaripe..el viaje era largo (50 lukas en raza AK-47, también conocido como Liceo Lotino, recién estaban saliendo estas exquisiteces con nombre y apellido así que no sabíamos sus efectos)

Guatón mencionó el Rainbow porque le dije que nos íbamos a mochilear con el Negro y el Orejón que no sabían mucho de mochileo, pero sí que confiaban en sus escasos conocimientos scout y en sus truncadas y bizarras experiencias Jupachinas. (punto importante, saber elegir a los bellakos con los que sobrevivirás en la carretera).

Así que emprendimos nuestro destino que no era ninguno en particular más que llegar donde nos dejara el camión.

 

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El Negro, el orejón y un chofer buena onda

 

Con una carpa de campaña roñosa para 2 personas con mas de 20 años de uso que me había regalado un tío mochilero de la vieja escuela, (el que salía a mochilear en cleta po weon) de esas triangulares, bajas y largas donde cabes estirado y con las mochilas de cabecera.

Un hachita, la ollita multifuncional pal mangi, hervir agua pal tecito, pa las goteras de la carpa y su función principal que era servir de percusión para llevar los delirantes compases que acompañaban la tocarra al ritmo de Amar azul, Leo Dan, El Gorrión de C, Dead Moon y otras cumbias que estaban de moda.

La wea es que en un punto del viaje fuimos a parar a una de las fronteras con Argentina cerca de Lonquimay pal cerro, por subirnos a una camioneta sin preguntar su destino (aweonaos). Cagados de la risa porque no nos llevaba nadie hacía como 2 horas decidimos celebrar con el cañito matutino (en la parte trasera de la camioneta).

A esas alturas del viaje, con una dieta que auspiciaba el noble macheteo del día,  sólo alcanzaba pal pan con lisa y ají de $100, así que con 2 calas c/u  quedábamos peinaitos pal chico y como era usual perdíamos la noción del tiempo.

Pasaron 2 horas antes de darnos cuenta que estábamos en la frontera cruzando un puente colgante para vehículos menores, el viejito que manejaba amablemente (no es mito, la gente pal sure es más amistosa) nos preguntó antes de cruzar ; “llean sus carneces cabros” – pa qué amigo, con voz de idiotas preguntamos… ahí despailamos y rápidamente saltamos fuera de la camioneta (como 10 minutos tuvimos esperando al viejito ya que nos habíamos apoderado de la parte trasera del vehículo y teníamos un mini campamento en la wea, los weones barzas).

El encantador anciano ya se había bajado de su camioneta y nos miraba con paciencia y extrañeza… “de que se reirán estos weones si pasaron cagando como 200 km a la chucha”. Por fin despailamos que no podíamos o era muy arriesgado pasar con hierbita pa la Argentina.

 

bienvenidoslonquimay

Conchemimare nos pasamos

 

Nuestras reservas de María ya mermaban e iban por la mitad así que decidimos regresar y pasar por el llepo de hippies en Coñaripe.

Nos demoramos 2 semanas  en llegar de Concepción a Coñaripe, un viaje que normalmente en bus dura unas 4 horas aprox…esa es la magia del mochileo, cuando vas dispuesto a todo, con tus compipas, sin preocupaciones y con un cargamento de AK-47 cualquier viaje se pasa la raja.

Ya en Coñaripe no parábamos de especular con qué nos encontraríamos, el Oreja decía que pasáramos de largo que estaría lleno de viejos culiaos vendearos y artesanos picaos a comunistas tocando las mismas weas de siempre que toca el papá del Negro cuando se cura.

Yo ya quería llegar a mi casa (eran vísperas de navidad) llevábamos 2 semanas weviando y decidimos pasar a ver que era este famoso Rainbow.

Coñaripe es la raja, con las mismas atracciones de Pucón o Villarica, igual se ve la cagá de volcán, la misma playa con arbolitos, poco gringo o extranjero a diferencia de Pucóns y otros lares zorrones, pero lo mejor de todo es que es barato. Osea tiene los precios normales que te pillay en cualquier botillería o supermercado.

Le preguntamos a un loco dónde se estaba haciendo el Rainbow y nos dijo : “vayan a esas casetas de turismo, ahí les dirán todo”… chucha la wea organizá con guías turísticos y todo pensé. Ahí una vieja llena de pulseras y collares artesanales con pinta de Hippie de buena cuna nos recibió y nos dió a entender que ella era parte del Arcoiris,  examinándonos de pies a cabeza e interrogándonos sobre como nos habíamos enterado del evento.

Imagínense después de 2 semanas por el sure, nos bañamos 3 veces cuando pillábamos ríos y la misma pinta desde que salimos…tirábamos mas mierda que fosas del sur, pero al parecer nuestro hablamiento flaiteformal le dio buena impresión y le dijimos que nos esperaban unos amigos que ya estaban ahí.

Así que nos dio las indicaciones y nos mandó 6 km pal cerro donde se encontraba el campamento..ustedes caminen derecho nomás y sigan las indicaciones…

 

arribacamion

 

Ya curtidos con largas caminatas anteriores esa wea de cerro no nos hizo nada y a medida que avanzabas te encontrabas con letreros artesanales pintarrajeados con mensajes que te decían la cantidad de km que faltaban para llegar. No habíamos fumado nada porque se sabe que en subida y volao no rinde.

Llegamos despailaitos y bien sudaos; la entrada era un claro con hileras de arboles nativos a ambos lados (que se empezaban a ver desde ese punto del cerro hacia arriba,) con un arco de ramas como esos que ves en las fondas. A la entrada de este arco una caseta improvisada con 3 anfitriones que salieron raudos a abrazarnos como si viniésemos de la guerra.

Bienvenidos cabros, como se llaman, de donde vienen…puta los weones amables estos, están jurados que les vamos a comprar aros o alguna wea… les dijimos la misma wea que a la vieja del pueblo y el cabecilla del grupo nos dijo “ya cabros, miren: acá no tenemos reglas, pero tenemos ciertas normas que se cumplen para que esto funcione”. Las tenían todas anotadas en unos carteles que en realidad eran como diez.

Recuerdo algunas como:

No podías llevar cigarros, si querías podías pasar tabaco o creo que podías llevar cigarros siempre y cuando recogieras tus colillas.

– Si sabías alguna wea, tenias algún talento o habilidad podías impartir pequeños cursos de eso para compartir tus conocimientos.

El Orejón en ese momento estaba distraído viendo como un oriental le clavaba unas agujas en la espalda a una rubia exquisita que yacía boca abajo en el pasto, como a 5 metros de nosotros, así que lo anotamos pa origami al culiao (ya tenía 2 semanas de intensivo en papel lustre).

– Si llevabas alimento no perecible podías aportarlo, todas las noches se hacia una colecta voluntaria para alimentos, obviamente orgánicos.

No podías pasar papel higiénico de ninguna forma (claro todas estas normas eran pa cuidar la pachamama y la cacha de la espada)

No te revisaban ni nada parecido, pero si te pillaban usando estos elementos o quebrantando sus “no leyes” debías pagar por tu inconsecuencia y te encerraban en la “Cueva”… Na mentira, los weones te lo decían de una forma tan legal y sincera que les creías y entendías (Dios, ahí entindí como se debe sentir un recién llegado a una “Familia”)

 

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Te lo voy a meter tan fuerte que voy a dejar preñá a tu hermana

 

El Negro se adelantó y Orejón seguía psicopateando a la rubia que le hacían acupuntura… “acércate a la caseta” me dijo uno de los hippies más encantadores, sin dudarlo me acerqué, ­­­­­­­­­­—ven acércate más, siéntate, te voy a leer tu signo—Soy Virgo amigo, ya lo sé. Me explicó que cada persona esta ligada a la tierra, sus elementos y fenómenos de una forma particular

Le pasé mi mano y durante 5 minutos me habló de ríos de amor, vientos de esperanza y weas similares..al final me bautizó como “Caudal santo de esperanzas perdidas” o algo así. El Orejón pegado a mi espalda, fascinado por las weas que hablaba el hippie, también se quiso ver el horóscopo y fue bautizado como “Danza Nocturna”.

Alcanzamos al Negro y nos adentramos por un sendero rodeado de colihues (estas weas que dan los Copihues) hasta llegar al 1º campamento que a vuelo de pájaro tendría unas 50 carpas en un terreno ideal para acampar con arbolitos que te daban sombras, un pasto que te hacía de colchón por las noches y una cagazón de maquis (fruto dulce similar a la mutilla, pero negro) todo muy bien organizado con caminitos de piedra y señalizaciones de las distintas locaciones del campamento (baños, cocina, duchas, etc).

Pululaban hippies de distintas especies, con turbantes, coloridos, barbones, rubios, minitas ricas todas shuper hippies y gente fea como uno también. Me sorprendió no encontrarme el estereotipo de lanilla al que estaba acostumbrado, el chascón de la micro o al que vende parche curitas.

 

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Más seco que toalla de hippie

 

Buscando un lugar donde instalarnos nos encontramos con nuestro compadre Guatón, que ya llevaba 2 semanas en el campamento junto a su mina y una amiguita que andaba con ellos. Vestían a lo hippie y llevaban una mancha roja en la frente como los hindúes …ya  instalados bajo un frondoso árbol invitamos a Guatón a nuestro ritual canaviquesco a carpa cerrada.

Ya relajados y hablando con el Gordo nos terminó de poner al día de que se hacía en el Rainbow: Eran los mismos principios de una comunidad Hippie, aportas lo que puedas, todos hacen algo, si no tenías dinero (que era nuestro caso) existían los trabajos del día; buscar leña, limpiar senderos, impartir talleres, cocinar, ayudar en la cocina y preparar el “Fuego Sagrado” (una fogata de 2 metros cuadrados que se hacia cuando se ocultaba el sol que duraba hasta el amanecer) donde se reunían todos alrededor para compartir danzas y cánticos sagrados a las hadas de la noche.

Hadas de la noche

Hadas de la noche

Salimos como chanchos de la carpa a buscar leña ya que había que mover la raja, todo el mundo nos saludaba, muchos abrazos con desconocidos y desconocidas que te hacían sentir muy cómodo con la volá que llevábamos, ya que iban igual o peor que tú. Nos dimos cuenta de la cantidad de extranjero que andaba lo que hacia suponer la em-berga-dura que tenía el mitín.

Las carpas eran verdaderas chimeneas de marihuana, al atardecer podías ver como salía el humito armando pequeñas nubecitas de magia.

Camino a la leña ya habíamos estrechado varias manos con la gente que se nos cruzaba y me di cuenta que tenía las manos plomas y suaves con residuos de polvo, me extrañé y le pregunté a Guatón que iba con nosotros”qué onda el polvillo” y se cagó de risa… me dijo —cuando vayas al baño te darás cuenta—¿ya les dijeron que no podían pasar confort verdad?

— si po , si sabemos, pero cómo nos vamos a limpiar weon, a mi me queda la mitad de un rollo así que cagaron ustedes, me imagino que se limpian con hojitas o alguna wea, pero yo no veo álamos por acá (que tienen las hojas grandes y firmes que ya había usado alguna vez ).

No le di mucha importancia y le pregunté como lo hacían pa comer, me dijo— Son 2 comidas al dia , una en la mañana y la otra al atardecer—puta Guatón andamos cagados de hambre tu no tienes nada en tu carpa?—si weon  tenemos unos jureles y tomates, a la vuelta se los paso—weeena guaton culiao, te subiste.. ya nos mataba el bajón de tanta hierba que habíamos fumado.

Menos mal estaba lleno de maquis que amortiguó el hambre hasta que llegamos de vuelta al campamento. Le contamos la wea del bautizo a la entrada y Guaton aprovechó de bautizar al Negro que se había escapado del horóscopo Hippie y lo nombró  “El Chimbazo del Águila” (como el tiro del tigre po loco, pero con puntete)

 

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Tengo que haberme comido la mitad del árbol de maqui porque cuando volvimos tenía unas ganas incontenibles de cagar.

Se sabe que el maqui acelera la digestión, así que seguí los carteles que llevaban al baño para evacuar. Eran paredes naturales de arbustos que habían sido abiertas para dejar espacios cerrados de unos 2×6 mts donde habían zanjas de unos 60 a 80 cm de profundidad, a un lado se podían ver otras zanjas como tumbas de mierda con tierra encima, al otro lado de la zanja abierta habían botellones y baldes con agua y un tacho con cenizas…los quedé mirando y caí en el por qué de las manos suaves de estos hippies. Al mirar mi confort me di cuenta que era solo un cuarto del rollo y me entró el pánico, por suerte me alcanzó para esa faena.

Ya Guatón cuenta cómo se usan las cenizas y el agua que no me queda confort, me sentía como Rocky cuando tuvo que usar las conchitas en el demoledor, —fácil po weon: Te lavay el hoyo con agua y te limpiay las manos con cenizas, las cenizas tienen propiedades antibacterianas y no te dejan olor —yaa sale weon, enserio?  —si po weon, saltó el Orejón, que ya había ido antes que yo…ya estaba camuflado con el Rainbow, pintado con la marca hindú en su frente y a guata pela… le habían contado las bondades de las cenizas .

 

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“El Orejón ya era la perra de los hippies”

 

Estuve 1 semana con los hippies. Me saturaron.

Soy un weon tolerante y me gusta conocer cosas nuevas y gente distinta, pero con una semanita tenía bastante.

Conocí gente interesante que no iba solo por la vitrina hippie que significaba tal evento, weones y weonas que vivían de esa forma el resto del año o que pretendían hacerlo, nunca había recibido abrazos multitudinarios, el Orejón terminó yendo a clases de kun fu por las mañanas con el japonés de la acupuntura, el Negro le fumó toda la hierba a los hippies y yo aprendí a limpiarme el culo con cenizas.

 

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