LP Turismo: El viaje, o como el LSD me hizo pensar que me había muerto

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Bajo la lengua se absorbe más que si lo dejas encima, pero se ven más bonitas las fotos así.

por Rey Pulpo.

Como lector asiduo de Mierdapower estoy acostumbrado a leer weás de todo tipo. Como ustedes mismos, me deleité durante anos con los posts llenos de enanos y fauna afín que pululaban por este Zanjón de la Aguada de los portales de humor chilenos. Entre tantos mojones flotando me quedaron dando vuelta aquellos que contaban vivencias reales, locuras escatológicas que fueron aumentadas (o derechamente llevadas) por sustancias alucinógenas. Así, quise compartir con ustedes un viaje personal, una montaña rusa de emociones :uy: que me fue entregado de mano de la droga más shuper bacán jamás concebida por el hombre: el LSD.

Partamos diciendo, para aquellos quienes no hayan tenido la oportunidad de probarlo, que es algo que uno debería hacer mínimo una vez en la vida. El LSD – hasta donde yo conozco – te lo podís tomar en forma de cartoncito (o fracción de cartoncito) poniéndotelo debajo de la lengua o bajo el párpado, o echándote directamente gotas del producto en el ojo. Por otro lado me imagino que bajo el párpado debe incomodar más que la chucha, así que pa qué.

Habiendo dicho esto, comencemos. Resulta que como en octubre del año pasado con mi mina (hola washita carnúa) decidimos viajar a Valpo cuando termináramos con las weás de la U, aprovechando que un amigo mío que estudia allá me tenía invitado de hace caleta. Hablé con este weón pa coordinar el viaje y me dijo que no había atado, y que de paso tenía mano pa un cartoncito de LSD por la módica suma de 12 lucas.

NOTA DEL EDITOR: Como el Aweonao notó, la experiencia siguiente no es de LSD, sino que de NBome, con esto en cuenta, no debes tomar esto como referencia para los trips clásicos. Recomendamos discreción.

Ni ella ni yo habíamos probado la weá así que nos pareció sensato decirle que dividieramos el cartón en 3 para que no se nos fuera de las manos. Arreglados los asuntos monetarios partimos mochileando para allá, y como de Conce a Valpo no es tanto el viaje la hicimos en un puro día. Después de la travesía llegamos a encontrarnos con mi amigo, llamémoslo Cisarro para ahorrarnos webeo. El segundo día le pregunté al Cisarro que kesusedía con el trip, si mal que mal era parte importante de la escapada romántica que tenía con mi pierna. Nosotros con la susodicha pensábamos que nos íbamos a tirar el cartón ahí mismo en su casa, o en algún sucucho de mala muerte de Valpo tomándonos un Sacrificio Maya vendido a 500 pesos, pero el Cisarro nos tenía programado un paseo a las míticas dunas de Con Cón pa tomarnos el ácido.

Feíto el paisaje conchemimadre.

Ya, guardamos un día, pasamos a comprar unas frutitas y agua pa aguantar la sed y nos tomamos el tercio del cartoncito cada uno, aproximadamente a las 3 de la tarde. La weá tiene un sabor amargo, amaaaaaargo, tan amargo que a ratos se hace molesto tener el cartoncito escondido en la boca. Nos tiramos hacia abajo por las dunas con una tabla que habíamos llevado y llegamos a una especie de mirador lleno de vegetación, bonita la weá. A los 45 minutos aproximadamente de habernos tomado el cartón como que me empezó a patear: sin darme cuenta no podía dejar de mover las manos ni los pies, jugando con la arena y sintiendo como pasaba por mis dedos. Le comenté a la Tortuga (sí, le digo tortuga de cariño tengoloscoquitoscomopasas) lo que estaba sintiendo y me dijo con un poco de decepción que ella todavía no se sentía distinta. En ese momento, sabiéndome bajo los efectos de la pepa mágica, miré a los edificios de Con Cón que estaban cerca de las dunas y los veía como si se estuvieran moviendo. Ojo, no caminaban como los martillos de la película de Pink Floyd (una delicia verla habiéndose tomado un ácido, por cierto), sino como cuando uno era brocacochi y se acostaba en el pavimento para ver como ondeaba todo producto del calor.

Algo como esto.

La weá loca, pensé, que entretenido bacilar así. Al poco rato a la Tortuga le empezó a hacer efecto y se puso a jugar con la arena igual que yo, mientras me decía que podía verle el aura a los pájaros que pasaban volando por el cielo. Nos sentamos en el mirador de más abajo, rodeado de arbustos beios beios y sintiendo el cantar de los pájaros y el sonido del mar al chocar en las rocas. Aquí quiero detenerme un poco: En este momento se empezó a hacer de noche y pudimos ver como el sol se escondía en el mar. Sí, habían pasado como 4 horas desde que nos tomamos la pepa y para mí se sintió como si hubiese pasado con cuea hora y media. Durante todo el viaje tuve el sentido del tiempo más movido que la chucha, y mis acompañantes me confirmaron después que para ellos también parecía ir más lento o más rápido a ratos. Mientras mirábamos la puesta del sol me quedé absorto viendo las ondulaciones del mar, y de a poco sentí como si todo el océano se viniera encima.

Estábamos en silencio viendo el atardecer cuando derrepente la Tortuga pega un grito que nos despegó de una: “AHHHHH MIREN HACIA LA PUESTA DEL SOL, TIRÓ UN RASHO VERDE” dijo. A mí me pareció rara la weá y al tiro pensé que era alucinación causada por el ácido no más pero pa qué me iba a poner a discutir ahí (aparte que no me quería ir de chalazo al frente del Cisarro) así que me dediqué a mirar la puesta del sol un rato y efectivamente se veían destellos verdes salir desde donde se unen el mar y el cielo.

Una weá así, amplificada cien veces.

Pasó el rato y se hizo de noche, empezó a correr un viento de mierda así que nos fuimos del mirador hacia la duna misma para seguir bacilando el viaje. Como ya íbamos bajando un poco decidimos fumarnos un pito (Consejo: si van a tirarse un ácido y planean fumarse uno en el transcurso del viaje déjenlo armado desde antes, para evitarse el webeo de que quede bien hecho cuando se está medio tiritón por el efecto del LSD). Aquí yo creo que me terminé de enterrar, ya de por sí estaba harto loco por la pepa y el pito me mandó a Júpiter: en un momento pasó un avión por arriba y yo lo veía como si estuviera mirándolo con una lupa. Con la Tortuga vimos pasar la luz del faro de Valpo y sentimos como si nos hubiera iluminado directamente siendo que la weá con cuea alumbra una distancia prudente y hacia el mar, el día del pico nos iba a estar apuntando a nosotros que estábamos como a media hora de viaje en micro.

Ya amigos, es en este preciso momento donde yo me malviajé. Nos empezó a dar frío así que decidimos virarnos, para lo cual teníamos que subir la duna y bajar por el otro lado para poder llegar a la calle donde pasaban las micros que nos tirarían pa Valpo. Yo no sé si alguna vez han visto estas dunas pero las weás igual son grandes, es una caminata como de 5-10 minutos en subida empinada (ya, yo sé que 10 minutos es la nada misma pero les encargo la subida en ácido y con una tabla del porte de uno a cuestas). El Cisarro empezó a subir y la Tortuga partió un poco detrás, yo recogí las bolsas que habíamos llevado (siempre limpien la cagada que dejan, putos) y cuando miré hacia arriba veía la arena que caía por las dunas como si fuera una holografía, como si en vez de ver la realidad estuviera viendo un GIF: todo detenido en el tiempo menos la arena que caía. Empecé a subir y en un momento me dio la sensación de que no estábamos avanzando mucho, lo que de a poco se fue transformando en “conchesumadre por qué no avanzamos nada”. Es importante agregar que cuando vas subiendo la duna de noche y miras hacia arriba/adelante lo único que ves es arena y el cielo, porque de lo empinada que es no alcanzas a ver el otro lado hasta que ya estás en la cima, entonces me daba la sensación de que el paisaje era siempre el mismo (y bueno, lo era, pero estaba perdiendo el sentido de la realidad sin darme cuenta).

Esta es de otra vez que nos pegamos un viaje, pero andábamos por ahí ese día.

De a poco empecé a cuestionarme la vida, pensé que quizás me había muerto y estaba en una especie de purgatorio, condenado a subir la duna por siempre sin llegar jamás a la cima, cacha el viajecito. Estaba desesperándome cuando tuve un rayito de sensatez y llegué a la conclusión de que la única forma de despertarme del mal viaje era seguir caminando no más, total o iba a hacer lo que estaba condenado a hacer por toda la eternidad o bien iba a llegar eventualmente a la cima, saliendo así del momento de mierda que estaba pasando. Apuré el paso y le dije a la Tortuga que me pasara su mochila para que ella no se llevara tanto peso, caminando al lado de ella desde aquí en adelante. Llevaba como 1 minuto con la mochila al hombro cuando siento que me dice “oye Pulpo, como que no estamos avanzando nada ¿cierto?”. Coooonchetumare era verdad, estábamos atrapados ahí para siempre, una cosa es pasarse el rollo uno solo y otra bien distinta es que te lo confirme el de al lado. Perdí toda esperanza de salir alguna vez de ahí así que tiré la mochila al piso y propuse descansar un rato a lo que ellos accedieron de inmediato, pero no llevaba ni 5 segundos parado cuando me entró la desesperación de nuevo y empecé a caminar otra vez. Yo por dentro estaba pal hoyo, jurando de guata que me había muerto y pasándome mil y un rollo más, angustiado por la idea de no poderme haber despedido de nadie pero agradeciendo tener al menos la compañía de tan agradables personajes durante mi tormento eterno.

No hallaba qué hacer, fui donde un amigo, él llamo a un amigo y él le aconsejó que había que llamar a los carabineros.

Estaba al borde del colapso cuando se me ocurrió mirar para adelante y vi la postal salvadora del día: un edificio del otro lado. Llegamos a la cima conchetumare, se acabó mi suplicio, toda la weá era simplemente un mal viaje y por fin podía volver a reirme y respirar con tranquilidad. Quizás parezca poco pasarse el rollo los 5-10 minutos de la subida pero les juro que yo sentí que estuve atrapado horas, más encima que después de llegar arriba de la duna teníamos que caminar a lo largo de todas las dunas contiguas para llegar donde se tomaba la micro así que estuve rememorando el viajecito como media hora más, contando también los descansos que nos pegábamos de tanto en tanto. Eventualmente les conté a los brocas mi experiencia y la Tortuga me comentó que hizo el comentario de la eternidad de la subida en broma, como quien dice puta que hay que subir en esta weá. De ahí en más el paseo fue más tranquilo, fuimos al Papa John’s a comernos unas picsas y de ahí al departamento del Cisarro a bacilar unas pilsener con sus amigos. El viaje en micro fue la cagá por cierto, como era finales de diciembre estaban todos bacilando carretes de fin de año y se subían a la micro a dejar lasorra con el beneplácito del micrero que apagaba las luces y ponía villeras armando la media casa de putas en los angostos pasillos del bus.

La disco de nuestro edén bendito.

En un momento incluso se subió un enano de verdad, me debo haber quedado pegado maravillándome en su esplendor porque me quedó mirando feo hasta que se bajó.

Y bueno, esa fue mi experiencia. Con la Tortuga hemos seguido tomando pepas este verano y han sido todas experiencias bacanes y manejables. Si tirar volados es más rico que la chucha les encargo tirar en ácido, es otra weá completamente. 10 jumbitos. En conclusión les puedo decir que prueben el LSD si tienen la oportunidad, ojalá en un ambiente disfrutable y con gente agradable compartiendo el viaje, no con los zorrones culiaos del Mysteryland. Les aseguro que de una forma u otra lo van a disfrutar.

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