Huashupers contra Huasorrones ¿Quién ganará la batalla final?

Colaboración de C.

Dos ruedas, un concepto: shuper.

Hace años descubrí LasañaPower, recuerdo que fue el artículo sobre los shupers con el que llegué y después de eso, comencé a revisarlo regularmente y postear seguido, bastante seguido, demasiado seguido y después no tan seguido. Ha llegado el día en que retribuya las horas (quizá días, si sumo el tiempo) de risas delirantes y muecas lovecraftianas de embarao que padecí viendo las siempre bien recordadas Joyas. Este es mi artículo… mejor dicho, es mi testimonio. Tiene que ver con un fragmento de la sociedad que ha surgido falsamente de forma espontánea, como los movimientos súper sociales repletos de ansiosos fotógrafos que registran lo mismo gente ilustrada y comprometida o las hordas de ciclistas shupers gregarios urbanos. El grupo al que me referiré hoy son los huashupers. ¿Qué qué? Después del salto me extiendo como corresponde, gancho.
Como anticipé, este artículo tendría un fuerte tinte autobiográfico, así que es preciso que les cuente que el año 2003 comencé a bailar cueca en (el probablemente) primer grupo de cueca que se reunía regularmente a disfrutar de vacile cuequero en Santiago; me refiero al que años después pasó a llamarse “La Chingana”. En aquel entonces, yo asistía a tal evento acompañado de mi tía que se enteró del grupo por un programa de radio que daban los domingos en la mañana en la radio Universidad de Chile (osea, afirmense cabros, que el loserness de la historia no es menor). El grupo, como imaginaréis, estaba compuesta de variopintos seres cada cual losers en su medida; la gran mayoría bordeaban la adultez mayor y habían otros pocos que eran más jovenzuelos, pero no tanto como yo (con 17 inviernos a mi haber), circulaban alrededor de los treinta, esa edad en que mucha gente hace el último empeño de volverse un adulto loser (tríangulo de las bermudas social, del que no se regresa).

Un gordo loser con mirada candente revisa a una chica que nunca le dará bola.

Asistí a varios eventos cuequeros en esos años, desde que entré y debo decir que, por sobre todo, había un ambiente medianamente facho y viejo. Recuerdo con claridad tecnicolor la ocasión en que estaba en “Abril, cuecas mil” en San Bernardo y, mientras compraba algún refresco típico vi como corrían todos al escenario principal. ¡Gran facepalm! menuda sorpresa nos llevamos con tía y amigos que andabamos, al descubrir que la atracción magnética hacia el escenario se debía a que estaba Patricia Maldonado. Seguimos la conversa fuera del lugar y regresamos sólo tras la salida de la facha presencia. En la fonda que es súper pollita porque dura hasta las 12, pero tiene buenos espectáculos por lo general que se hace aun en el Parque Inés de Suarez era clásico encontrarse con más gente de los “eventos” de cueca y, ahí uno dejaba las patas en la pista, agitando el pañuelo con vehemencia y seguridad. Pero los tiempos estaban cambiando… yo, personalmente yo, considero que un hito bastante importante respecto a la popularización endémica de la cueca se debió a que el actor Daniel Muñoz, tras juntarse mucho con huasos para fabricar el personaje Carmelo, le picó el bichito de la cueca y armó su banda tresporsieteveintiuno que se volvió un referente, y la cueca fue tomada un poco en cuenta por alguien más, alguien de la tele. Las pocas veces que ví a Muñoz y banda interpretando, los encontré óptimos y decentes, sonaban con calidad y eran un buen grupo pero debo reconocer que dentro de mí había algo que no sabía reconocer que me caía un poco mal, hasta que un buen día, conversando en La Chingana, musité con precaución “lo que pasa es que Daniel Muñoz no canta cueca, sino que actua que canta cueca”.

Daniel actuando la escena en que toca un pandero.

Era el amanecer de los huashupers. Previamente a tres por siete veintiuno existían otros conjuntos, desde luego, que tenían mayor o menor grado de personificación en su puesta en escena, pero aun así conservaban la esencia de la autonomía de la personalidad y, si les pediai un cigarro cuando no estaban en el escenario y les conversabai un rato, te iban a contestar igual que como hablaban cuando pelusean entre los tracks… porque no eran un personaje de sí mismos, simplemente eran sí mismos (como se supone, todos debemos de ser ¿no?). El tiempo pasó, me alejé del universo cuequero por diversas razones, incursioné en otras esferas sociales. Admito con un poco de plancha que fueron cosas temáticas, generalmente: ska en Santiago Rude Klub, ciclismo urbano con los Furiosos Ciclistas entre otras cosillas y, cuando con mi tía decidimos volver a ir a una situación cuequera, en la misma Chingana a la que nos arrimábamos años antes de que el Club Matadero o las cuecas en el Galpón Victor Jara otros lugares de cueca fueran una idea siquiera y nos encontramos con que la fauna social había cambiado: ahora habían MUCHOS zorrones bailando cueca (digo muchos, porque de verdad eran muchos, pero no todos)

Surround no. Zorrón, zorrones de verdad sí.

Muchos zorrones que se habían apoderado de la cueca, que entre vuelta y vuelta se daban sus nombres para hacerse amigos en facebook y entre escobillados y zapateos vivían el mismo cahuín que seguramente se vive en las discoteques lolas. En otra visita a un tiempoespacio cuequero fuimos al Club Matadero y el escenario no era distinto, muchos cuequeros actuando de huasos, bandas de chiquillos y chiquillas haciéndose los choros y urbanos sin nunca haber carreteado toda la noche en una plaza ni nunca haber aprendido de Don Armando Santibañez la mágica coquetería de ponerse el pañuelo en el bozo mientras das la vuelta entre otras faramallas que te dejan de campeón a donde vayai. Nada, puros cabros que bailaban la cueca porque es el baile nacional y al bailarlo te sentís más chileno, cabros que bailan cueca aniñadamente no por que les salga así, sino porque así se baila la cueca urbana. Cabros que le hacen el quite al disfraz de huaso no porque no sean huasos, sino porque como son de ciudad tienen que lucir como personas de la ciudad ¿polerón y zapatillas? no wn, chaquetas y pantalones de vestir, sólo para lucir más cincuentero que los recuerdos de sus abuelos. No es el ser por el ser, sino el ser por el deber ser. Wena pos, pequeño escuela de frankfung.
Ahora que veo lo que he escrito, me siento un cascarrabia. Una especie de Casimiro Huerta Valverde (challero personaje de la Zona de Contacto aparecido poco tiempo antes de su entrada en decadencia) pero con un relato un poco poquito más outdoor. Pero es que de verdad, siento desagrado al ver la nota simpaticona en las noticias con la novedad esa de “la cueca joven”, en la que salen puros longis que son tan poco sentidores de la cueca que son capaces de hacer zapateos en el momento que tenis que aplaudir porque aun no comienza el canto, no por que les nace genuinamente, sino pa hacerlo más choro. Estoy dudando de declamar todo esto… quizá es una pura weá; por favor, si alguien considera que quienes vacilen la cueca nueva no son una subcategoría de shupers, avíseme… quizá me falta salir más a la calle, pero no creo que con más callejeo cambie de opinión.
Para terminar este artículo testimonial, hago un llamado/invitación a quienes lo lean para que, si quieren incursionar en el bonito hábitat de la cueca urbana, sean ustedes mismos, no el cuequero urbano que se debe ser. Hay un montón de personas que encuentran que un barrio típico de Santiago es París/Londres o Concha y Toro, pero ¡NO! lo más probable es que tu, lector, vivas en un barrio típico de santiago, una casa pareada en la Florida, una villa silenciosa en Lo Prado, un edificio Paz en Independencia ¡Eso es lo típico, no lo que se supone que es típico! La cueca urbana no es la que se ve más urbana sino que es la cueca que se baila en la urbe.
Ahora si que sí, para concluir, dejo algunos tips para vacilar cueca y sorprender a tu pareja. Más que tips, son pistas de desobediencias.

  • En el paseo la pareja concerta con qué vuelta iniciarán. Si no le pegan al manejo proxénico, hagan el círculo. Si confían en su motricidad, el ocho. Si quieren ser floreros, cuatro esquinas es lo suyo. Si la idea es catar la mercancía, la rosa hay que hacer.
  • En la parte del aplauso post-paseo el pañuelo puede ir en el hombro o, más osado aun (requiere práctica), en la punta del píe para levantarlo de un puntapíe al comenzar la vuelta. Un tip para lucir como un pequeño Rey de la situación es aplaudir cada medio pulso, es decir, en vez del habitual clap clap, hacer sólo un clap y silencio.
  • Cuando comienza el dance dance huasoluchion OLVIDA totalmente esa basura colegial de que hay que hacer una medialuna en el suelo ¡No al rodeo!, persigue a la chica con picardía al rítmo que ella ponga y sólo cuida de ir de izquierda a derecha, pero olvida eso de alejarse o acercarse que es pa los pollos. Lo que sí es importante es que al llegar a un punto hagas algo distinto con los píes (el floreo propiamente tal).
  • Al dar la vuelta, acércate a tu pareja primero y luego da la vuelta. Cuando te acercas, le puedes dejar el pañuelo en el hombro y recuperarlo tras el giro. Si prefieres conservar el pañuelo y tienes la capacidad física y psicomotriz suficiente, puedes pasar el pañuelo entre tus rodillas a cada paso que des (es menester agacharse un poco, para que no parezca que te aseas entre el baile). La flor bendita chica debe dar la vuelta con un poco de anticipación al weón, en ese breve lapso puedes dar un azote al potito de ella que hará que te acepte un copete entre las patitas (de cueca, obvio)… o que te odie por frescolín y te quedís buscando novia ad eternum como mi amigo poeta.
  • La cueca se compone de tres secciones: florea’o, escobilla’o y zapateo. Sugiero grandemente que ninguna de éstas secciones se haga con escándalo, en especial el zapateo que estúpidamente, algunos autómatas consideran debe ser con el mayor escándalo posible. No huashito, hazlo con clase, zapatea tranquilo. ¿Cómo tan desesperao como pa tratar de asustar a tu pareja con el ruido y chamullo que hacís? Siempre digno.
  • Una pata o píe de cueca consiste en tres cuecas. Obvio que uno baila las que quiere, puede o te aceptan, pero no perdai de vista que una pata son tres cuecas, así que no hablís weás de que una cueca es una pata.
  • Lo más importante de todo: si eris coqueto en la vida real, coquetea en la cueca. Si no en la primera, no lo hagai en la segunda que siempre vai a quedar de pollo longi pirilongi ñonga molonga.

No faltará quien se pregunte porqué este ilustrativo post lo envío ahora que termina septiembre. Tengo dos motivos, el primero: vagancia de escribirlo antes y el segundo: es que cuando uno quiere bailar cueca, baila cuando quiere. Bailar en septiembre es muy mainstream y, de verdad, estimo al público de penalcordillerapower y, sí, pueden ser unos mierdas prejuiciosos, groseros, apáticos, trolls y todo lo que querai gente de variopintas opiniones, pero no unos chatos populares y onderos, entregados a las bazofias en boga e irreflexivos consumidores, para esos ctm sugiero se viren a leer, no sé, Pe O Te O (sí, con O) a Rodrigo Guendelman en Publimetro, a los fascistas recalcitrantes que no sé porqué causa el Mostrador no desecha o a los burgueses desaliñados y trillados de The Clinic otras cosas.

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