[Historias Pulentas de Nadie] Mi experiencia con las colonias de verano empresariales

Por un culiao

 

Siempre conocí la mitad de la historia de las colonias de verano de la pega de mi viejo.

Tenían convocatoria abierta a cualquier hijo de cualquier trabajador en un rango de edades bastante amplio, donde el tope máximo era conversable.

Según las coordinadoras del asunto sólo era simbólico ya que en realidad los cabros más grandes dejaban de ir porque se aburrían, no porque se los prohibieran.

Había una semana o dos en las que se iban a qué-se-yo-dónde-mierda y luego dos semanas de locura en la comuna de Independencia. Nunca me importó mucho perderme esa primera parte porque podía ir al campamento de verano de mi grupo Scout: no es lo mismo pero es igual.

 

Indepe, un lugar ideal para pasar tu verano en la capitale

Indepe, un lugar ideal para pasar tu verano en la capitale

Lo importante de mencionar la separación de eventos, es que cuando la manga de pendejos llegaba a las áreas verdes que albergarían la segunda tanda, ya estaban todas las relaciones sociales listas. Los machos alfa determinados, las hembras de la manada organizadas, la escala social dibujada.

En la cima de la estructura social estaban los machos y hembras alfa: los más veteranos eran siempre los que despertaban más suspiros adolescentes porque eran los hijos de los cargos importantes dentro de la empresa, y porque tenían casi-18. Y todo el mundo sabe que para las niñas eso es un imán hormonal.

Las mujeres alfa por su parte, eran las que ya se sabían los trucos de libro de los zorrones alfa, y jugaban con eso. Y todo el mundo sabe que para los hombres, ese juego del tira y afloja al principio da más rabia que la chucha pero al final te termina prendiendo como pasto seco.

La siguiente escala eran los amigos de los alfa y no eran un número menor. Luego venían los hermanos chicos de los populares y sus amigos.

Y al final venían los parias. Gente como yo que aparecía de vez en cuando, no era amigo de nadie, no me habían visto ni en pelea de perros y que debía compartir su nulo estatus social junto a una multitud de pendejos sub-11 con hiperactividad capaces de oler azúcar a kilómetros y matar por ella.

child-explosion-390x285

50% llanto 50% gritos 0% amor de padres

Sólo conocía a una de las coordinadoras, porque mi viejo me llevó años antes a que lo acompañara a esas iniciativas corporativas para que los trabajadores se ejerciten. Y ella era la encargada.

Así que me sentaba a su lado a la hora del almuerzo, lo que no me ayudaba mucho en mis intenciones de ascender en la jerarquía social, pero que era una maravilla para mi estómago ya que al compartir la mesa con el ejército de enanos con hiperactividad podía comerme lo que no les gustara. Y a esa edad es básicamente todo.

Luego del almuerzo venía un breve período de calma antes de la segunda tanda de actividades, donde los más chicos dibujaban, los más grandes se iban a coquetear a la sombra de un árbol, y yo miraba todo eso de lejos. Dibujando.

Al final de la jornada, dejaban una piscina desarmable a discreción de los participantes. Esa piscina la usaban con regularidad para los juegos del día pero al final era tomada inapelablemente por el ejército de enanos.

Aquello quedaba como una zona libre de niños grandes, los demás se iban a coquetear a la sombra de un árbol. Y yo veía todo eso desde lejos… metido en la piscina.

actividades_verano

El lanzamiento de pendejos libera tensiones y hace bien para el corazón

Las actividades siempre me gustaron porque eran casi todas una mezcla de ejercicio físico y trabajo en equipo.

El trabajo en equipo si bien era forzado, era lo único que me daba la oportunidad de dialogar “casualmente” con alguna de las mujereh. La división de equipos era bien sencilla también: solo tenías que saber el número de tu equipo, sin gritos, cantos ni emblemas. Los grandes tenían que ayudar a las coordinadoras a cuidar de los más chicos, y todos debían participar para ganar el juego.

Cada juego repartía puntos y cada día se sumaba al anterior.

Los muchachones tenían su momento de espectáculo en algunas de las pruebas físicas así como las mujeres, las que además tenían que mojarse como todo el mundo si querían sumar puntos.

Lo que era un placer y una tortura al mismo tiempo.

Evitar que el entusiasmo se te asome por el traje de baño es tremenda odisea si consideran que todo lo que debe detener esa alegría hormonal es pura tela. Si el Oráculo me hubiera visto deteniendo aquella bestia con la mente me habría proclamado como el elegido en lugar de Neo.

instituto-juventud-organiza-actividades-jovenes_470964115_40024114_667x375

Esta parte de mi vida, este pequeño momento de mi vida lo llamo “Felicidad”

Todos los días tenían la misma dinámica excepto el último día.

Al último día, los líderes de cada equipo se transformaban completamente, dejaban de lucirse en los momentos clave y estudiados para sorprender a las tchicas, y se ponían serios.

El último día era como el último minuto de un partido de básquetbol: era el día de la búsqueda del tesoro.

La “premiación” del equipo ganador era que les daban todos los materiales para poder atacar al resto con huevos, harina y pintura. Era un privilegio que solo el equipo ganador tenía.

Pero también el último día tenía su toque: si no habías ganado durante la semana y encontrabas el tesoro, éste sería tuyo independiente de tu lugar en la tabla.

Y eso era todo lo que motivaba a los líderes de cada equipo al final del último día.

Pruebas de habilidad, coordinación y trabajo en equipo eran acompañadas por acertijos que daban pistas sobre dónde estaba enterrado el tesoro. Y todos querían poner sus manos en él.

Una caja muy grande salía del suelo si tenían suerte y la repartición quedaba a criterio de los líderes de equipo que se llevaban la mayor parte del botín. Mientras estuve en mi posición de paria, nunca disfruté del tesoro.

El tesoro era un misterio entero misterioso

El tesoro era un misterio entero misterioso

Hasta que llegó el Jano.

El Jano tenía dos o 3 años menos que yo. Incluso puede que más, pero nos encontramos tantas veces en la misma situación social miserable que terminamos siendo amigos.

Comíamos en la misma mesa con los enanos para seguir con la noble tradición de robarles comida y por la tarde pasábamos en la piscina haciendo competencia de lanzamiento de cabros chicos: los pescábamos desde fuera de la piscina y los lanzábamos de cabeza al agua.

Luego era quién podía aguantar más tiempo de pie en medio de la piscina con la mayor cantidad de enanos encima. Pese a nuestros métodos violentos todos los enanos hacían fila para que los lanzáramos.

Todo ese amor terminó el año que nos pusieron a cargo de un grupo distinto a cada uno.

Había pasado tanto tiempo que sin darnos cuenta, ya éramos los más viejos de allí. Pese a que ya estábamos bien pasados de la edad “recomendada” para asistir, al final la coordinadora nos pedía que fuéramos igual para ayudarla.

Ese año era mi oportunidad de ponerle las manos a ese tesoro y no iba a desperdiciarla. Y el Jano tenía exactamente la misma intención.

ralph_jack

Mira conchetumare, desde ahora ya no soy mi amigo

Como éramos nosotros los únicos que jugábamos con los enanos en su estado salvaje, resultó que sin querer teníamos cada uno a un equipo que nos conocía desde hace tiempo. Y más importante aún, que nos reconocía como sus legítimos líderes.Esas semanas fueron las más intensas que había tenido en años.

No importaba cuál fuera el juego, los puntos se ganaban con sangre, sudor y enanos. Ni las caídas, ni los cortes, ni correr con 3 cabros chicos encima para ahorrar tiempo nos frenaron.

Pero el último día fue legendario. Las bajas sufridas en las playas de Omaha eran nada en comparación a la carnicería de ese día.

No había pendejo sin heridas o moretones. Mis valientes enanos no perdían el tiempo en llorar porque les había prometido repartir el tesoro al final del día. No me quedaban ni costillas de tanto acarrear cabros chicos.

Ambos equipos nos pusimos a cavar al mismo tiempo.

Puse a mis mejores combatientes a cavar como si no hubiera un mañana y a cualquier costo hasta que el mando mayor me informa que se habían topado con un objeto de gran volumen de origen desconocido. Pero cuando intentaron llevarlo ante mí, tenían al enemigo encima.

Todos botaban arena por las orejas, estaban negros de barro y con las extremidades magulladas.

 

predator-e1425077899227

Suelta la caja guacho culiao

 

Como las coordinadoras vieron en nuestros ojos la intención de continuar la pelea hasta la muerte si fuese necesario, decidieron declarar un empate.

Así que para no repartir niuna huea, en vez de usar sólo la caja que era para tirarnos harina y huevos, también usamos la caja del tesoro.

Ese año, mis últimas colonias de verano de la pega de mi viejo terminaron con una batalla campal en la que volaban enanos, huevos, harina, pintura, todos los dulces imaginables, galletas, ramitas, jugos y papas fritas.

Fue la mejor mezcla de comida y tierra que he probado en mi vida.

Tenían sabor a victoria.

 

 

_____________________________________________________________

¿Tienes una Historia Pulenta de Nadie, para compartir con el Mundo?
¡Escríbenos!

lectore



A ESTA HUEÁ LE DOY:
1 JUMBITO2 JUMBITOS3 JUMBITOS4 JUMBITOS5 JUMBITOS
(187 votos / 3,77/5)
Loading...