De olor a coco, vedettos y otras presas. Loserpower (las minas de Loserpower) se fueron a un “Sólo para chicas”

Hace algunas pocas semanas fue parte de la historia y presencié uno de los eventos más onfayah que me ha tocado vivir. En este cada vez más degradante blog, nuestro distinguido grupo de editores se han adentrado en las turbias aguas de ese gran océano llamado Putas, han visto pornografía con jubilados onanistas en el Cine Roxy y han cambiado sus deteriorados órganos por pocos minutos de banal placer, entregados por la guatona Nancy y su séquito de viejas buenas para la pichula. Esta humilde servidora presenció y animó un Sólo para Ellas, se entregó por entero para cubrir este evento, me las dí de notera y como si esto fuera Bagdag, presencié un hecho único que quedará grabado en los anales de Loserpower. Si no les gusta, mejor vean Tumblr.

Esto de los “Sólo para mujeres” no es un juego, hermano. Es peligroso. Si alguno de ustedes intenta entrar –y lo logra- las probabilidades de perder la vida son tan altas como el precio del copete y si por suerte logras escapar, la dignidad quedó perdida entre transpirados pliegues de viejas calientes insatisfechas que se llevan todo, desde tus Milano hasta el resto de cordura que quedaba. En los ojos de esas dueñas de casa puedes ver el deseo y la obligación de pegarse flor de cacha contigo. No importa lo que seas: un perkin de mala clase o te falten las cazuelas de una vida entera o que arrastres la bolsa con marraquetas. Cuando te topas con un grupo así de mujeres nunca intenten hacerse los lindos, jamás sean galanes, no las miren, no digan una sólo palabra. Ustedes caminen, huyan, apliquen gacela, aprieten en chico julio, pésquense el paquete y vuelvan con mamá, lloren y beban su mamila.

Fui, pero porque soy mina, además,  ayudé a organizar el evento. Mi socia -la que ponía las lucas- se consiguió a los vedettos y yo el local (bueno yo no, aquí debo dar créditos a mi pololo, pero nadie lo conoce, así que me llevo todas las partes). Hicimos una triste publicidad, hablamos con señoras del hospital, peluquerías, en locales donde vendían calzones, las del banco. Es decir: acudimos a lugares en donde sabíamos que iban a haber mujeres sobre 30 años con deseos de ver a hombres semidesnudos, sudados, mal tonificados y con un fuerte olor a coco en el cuerpo. Y esto no es hueveo, se bañan en una aceitosa y brillante loción con olor a coco, lo digo, porque aparte de palpar y observar analíticamente a los strippers, también los olfateé como buena reportera que soy. Así hago el relato mas fidedigno.

Aquí les presento una foto, claro no tengo cámaras del corte como Motosierra que toma fotos lasorra, pero aquí me defiendo con mi cámara de mierda, que me costó un susto y una pedaleá.

Cuando llegó el día y me tocó ver a los vedettos, en serio me desilusionaron, ni un brillo, no son como te los muestran en las películas, no son el MAFLA. No habían ni calugas, ni una exótica piel de ébano, ni mucho menos extensos centímetros de miembros. Al contrario. A uno como que tanta cerveza barata, cigarros sueltos y asado, le habían pasado la cuenta. Él se presentó como José, se veía medio carreteao y se notaba que hace tiempo no se movía en las pistas. El otro que se hacia llamar “Padre Adán” (que a todo esto, nunca me dijo su nombre real) era un mal nacido de tan sólo 20 años, con menos carne que anticucho de fonda y menos ritmo que un ropero. Igual intimidan los hueones, porque te ponen voz sensual, te miran fijamente a los ojos y por tu mente pasan tantas cosas que te dejan un tanto caliente, pero después los miras bien y hasta ahí te llega lo cohibida, al final terminas riéndote.

Ya en el local y con las señoras instaladas en sus puestos empezó el show. Quién les escribe animó. Empecé suave, como para agarrar confianza, apenas tomé el micrófono, les dije “¿Como les zapatea la vulva?” y hubo un incómodo silencio. Después del pequeño incidente la demencia innundó el local y el delirio no terminó hasta que llegó la policía. ¿Por qué? Porque son unas zorras, unas loquillas que sabían que sólo estaban ellas y que ningún hombre macho recio alfa mega, delta y demases las juzgarían y dirían: oh, mira la vieja reculiá ordinaria, ay, mi dios cruz pal cielo y todo lo que ustedes se pueden imaginar del shileno doble standard.

Y empezó el Show

Partimos con una fome sesión de karaoke que no encendía a nadie. En el intertanto me tomaba unos rones para calentar la garganta y agarrar más personalidad frente a tanta mujer osada, que si seguían tomando con tanto frenesí, hasta yo podría ser una victima más de sus locuras de un lunes por la noche. Cuando ya estaba dada vuelta presenté a los lolitos. Primero al más viejo, “Jose”, mentí al momento de dar su descripción. Esas tres cañas de roncola me hicieron delirar y decir que el muy culiao era actor porno, que tenía el manguaco del porte de un brazo, que con la chulapi movía camiones y que como dato tierno, gozaba de caminatas en la playa y de que le susurraran al oido. La orda de octogenarias se hizo escuchar. Ahora, eran sólo 10 miserables guatonas las que asistieron a nuestro fracasado evento, pero 10 viejas calientes, curás y peludas hueviando es lo mismo que tener 100. Entre tanto grito, orgasmo espontaneo y agarráh de tetas que se auto propinan, hacía que el ruido ambiente del local fuese como un concierto en donde matar gatos es el show principal. Música de fondo y aparece el famoso “José” vestido de flamante militar. Es bien sabido que la dueña de casa, influenciada por años de dictadura, sueña con ser acribillada por el arma sexual de un suboficial dentro de un Leopard a 200 km/h por la panamericana rumbo al regimiento de Conchalí.

A pesar de todo, el pobre infeliz no lo hizo nada de mal. Meneaba sus pompas al son de la música sensual y, en más de una ocasión, daba cachetadas con la tula, se punteaba a las respetables, les chupaba loh peshoh, se las palmeteo, se sacó la ropita, se sobó los cocos y terminó como Dios lo mando al mundo. Fueron cinco minutos en donde, a mi corta edad virginal, lo había visto todo. Y ellas? Todas sudás y con olor a Coco. Ahí pidieron más y más y una, como la anfitriona de la fiesta, pidió un poco de respeto, dignidad y que fueran al baño a cambiarse los calzones o ponerse una esponja en el choro porque me tenían todo mojado el piso del recinto.

El segundo show fue una decepción esperada. El mocoso de 20 años dio toda la pena que no di yo curada en el escenario controlando a 10 viejas sin dientes. El pendejo era una guagua con olor a simons de coco y perfectamente podría ser el hijo drogadicto de alguna de las honorobles damas. Faltaba experiencia, escenario, circo, comida y dientes. Aún así intentó defenderse. Apareció sobre nuestro prestigioso escenario vestido de militar y su show fue el más largo de la noche y a la vez el más fome. Si ver a viejas calientes es un espectáculo dantesco, verlas enojadas, decepcionadas y con ganas de faenar a un atao de huesos es como verle los pelos del hoyo al mismo lucifer. Las pifias comenzaron cuando el joven toplero no se desprendió de sus camuflados pantalones y sus humctadas nalgas no vieron la luz. Una de las fieras me dijo después de servirse al seco una piscola La serena: “oye, yo pagué cinco lucas para ver un show de calidad y no ver a un mocoso bailando que ni muestra el poto” otra decía “ nah que ver, que vuelva y haga un show como la gente” y una que estaba bien al fondo gritó en un evidentemente drogada “yo pagué para ver picos y agarrar de lo bueno”.

Con todo en su contra, como honorables miembros de las fuerzas armadas con picos lazios de chile,  volvieron. Hicieron un show homosexual, se sobajearon entre ellos y jugaron a esconderlo en la boca. Se sacaron la ropa y se semi-callampearon a unas señoras que estaban en primera fila. Un espectáculo redondo como nuestras 10 asistentes, digno para terminar la noche con broche de oro y darse por pagado, ya que al fin y al cabo pudimos satisfacer necesidades básicas para la mujer. No solo basta con mirar, también hay que probar de que esta hecho el producto.

Los pasao a coco hicieron trabajo extra, you know what I mean… ahí uno se callampeó a una lolita en la cocina del local entre vienesas acuenta y mayonesa JB y el otro se fue con una polera menos, pero bueno, son los gajes del oficio.

Como conclusión, el evento fue un rotundo fracaso, no fue la cantidad de gente que se esperó, con suerte nos hicimos la plata para los vedettos y las viejas quedaron con los pendejos crespos hechos. Fue un asco de show. Por otra parte, fue bueno en el sentido que cumplió con mis expectativas. Es decir, le cumplí el sueño de 10 mujeres y, además, me di cuenta que organizar este tipo de eventos requiere de tiempo y harta publicidad para que resulte. Cuando me despedí les di las gracias, lloré y les demostré mi emoción (NOT). Las eché cagando, a punta de patas en la zorra por calientes y por ruidos molestos. Había que empezar a desinfectar el local.



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