Ciclos de Creepy Pasturri: Eusebio, el virgen

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En estos siete años de existencia, Loserpower se ha encargado de muchas cosas, tales como desmitificar supuestos montajes gubernamentales, dar a conocer la real calidad de la educación en Chile o presentar en sociedad nuevas formas de adelgazar (que luego robarán unos creativos para ponerlos en videos virales y adjudicárselos ellos); pero nunca ha sido una estrella del porno se ha dedicado ha publicar textos que quizá ocurrieron, o quizá no. Loserpower presenta los Ciclos de Creepy Pasturri, historias totalmente verdaderas con las que se te pondrán hasta los pendejos de punta.

De Larry Capija

Esta es la historia de uno de mis amigos. Para proteger su identidad le pondremos Eusebio y diremos que es de Ovalle.

Eusebio es el típico cabro bueno. De provincia, flaquito, empeñoso, moreno, medio tímido y nervioso, urgido. Ese que le cae bien a las mamás. Y que le cae bien a los amigos porque pone la pieza de la pensión para carretear. Y que también, sin explicación lógica o científica, tiene éxito con las mujeres. O es fuerte de feromonas o tiene una buena protuberancia en la entrepierna que ni la más profunda amistad masculina podría justificar una casual mirada para confirmarlo. Ni siquiera las eventualidades del día a día… Nunca meó en los urinarios, sólo en el WC a puertas cerradas y nunca se duchó después del baby fútbol. El Eusebio siempre se quedaba hasta el final de los carretes conversando con minas random en lo oscurito, pero nunca lo vimos anotando porotos. Ni un beso, nada. Sacaba hasta números de teléfonos. Las minas lo llamaban, pero nada. Y estamos hablando de chicas lindas.

Obviamente todos sus amigos sospechábamos que el tipo era virgen y que posiblemente tuviera un gran aparato reproductor. En una conversa quisimos hacer lo que todo amigo haría y contratar una profesional que le quitara el mal, pero como éramos universitarios, no nos alcanzaba ni para el condón. Seguía siendo cosa del destino que el Eusebio pudiera verle el ojo a la papa.

Me acuerdo que estábamos saliendo de clases un día y me llama una tía que tiene un hostal en Chiloé. Me dice que le falta gente para el verano y me pregunta si quiero ir a trabajar. Que me va a pagar sus lucas y tengo que trabajar sólo enero y que puedo quedarme hueveando en el hostal todo febrero. Sonaba perfect. Le pregunto a mi tía si puedo llevar a alguien más y me dice que no hay problema. Así que me fui con el Eusebio.

Tuvimos cualquier pega… Mi tía era derechamente una negrera, pero nos hicimos amigos de muchas gringas, europeas y francesas hediondas. Tomamos y fumamos gratis todas las noches después de cada turno porque todos apañaban. Todo bien hasta ahí.

Un martes a medio día llegan unas minas de Santiago. Medias cuicas, pero buena onda. Y ricas.

Ese día nos tocaba estar en la recepción y como el Eusebio es provinciano atento, le sube las mochilas a su pieza y se queda conversando. Le preguntan cosas típicas de viajeros, dónde pueden ir, horarios de las micros, donde hay farmacias, etc, cosas que el Eusebio les contesta con toda cordialidad. “Cualquier cosa que necesiten, estamos abajo”, dice despidiéndose el Eusebio. Viene bajando la escalera con su cara de hueón y se asoma una de las 3 minas. Una chiquitita muy rica, crespita y rubiecita. Todo bien puesto. Y le dice al Eusebio con ojos de mona animé “Cuál es tu nombre?” “Eusebio” contesta. “Gracias Eusebio, nos vemos más tarde”. “Este hueón se las trae”, pensé. (Intenté la misma técnica más tarde, pero lo único que logré fue que las minas me pidieran que les limpiara el baño y destapara el water). Cuando el Eusebio llega a la recepción, le digo “Y? Vamos ahí?” y el hueón me dice lo de siempre “No sé…”. Pero remata con un “… puede ser“, sonriendo. Se abrió el cielo, cantaron los ángeles, le pagaron a los bomberos y Felipe Flores hizo un gol de chilenita olímpica.

El sábado terminaba el mes, dejábamos de trabajar, nos pagaban y justo en la noche había curanto en la pensión. Ocasión perfecta para hacerse mierda, y, para el Eusebio, avanzar en conversaciones diplomáticas con la chiquilla. Para mi también habían muchas oportunidades de muchas nacionalidades, pero al menos para mi, no fue así. Eran las 9 de la noche y yo estaba raja de curao, manchado con vino navegao, dando jugo en un inintelegible spanglish asustando a todas las gringas. Lo último que me acuerdo es del Eusebio conversando con la chiquilla y mi tía echándome a acostar.

Al otro día me despiertan unos golpes en la puerta de mi pieza. Con la mansa caña, abro y eran las amigas de la nueva amiga del Eusebio. Me preguntan si sé algo de mi amigo o de la Bea, su amiga. Que cuando ellas se fueron a acostar, quedaban sólo el Eusebio y la Bea conversando al lado de la fogata. Y cuando despertaron, ella no estaba en la pieza. Miro a la cama del Eusebio y estaba hecha. Lo llamo al celular y suena en la pieza. Tampoco estaba. Se cachaban preocupadas las chicas.

oscuridat

Cuando todos pensábamos en descuartizamientos, femicidios o un Hostel versión chilota, llega a eso de las nueve de la noche una camioneta de los pacos con las balizas encendidas. Todos miramos hacia la ventana y después todos nos miramos las caras. Pánico era lo que nos definía transversalmente. Me dirijo hacia la puerta con pasos temblorosos, la abro y un paco me dice “Buenaz nochez joven ¿ezta ez la penzión Trauquito?”. “Sí”, contesto. “¿aquí ze hozpedan la zeñorita María Beatriz XXXXXX XXXXXX y el joven Euzebio Zegundo XXXXXXX XXXXXXX?”. Con el mayor miedo del mundo lo confirmo.

“Loz encontramoz en loz roqueríoz haze una hora atráz… bajo la influenzia de algún tipo de zicotrópico o bebida alcohólica. Loz zervizioz de zalud en eztoz momentoz eztán colapzadoz, azí que tuvimoz que traerloz acá para que dezcanzen. Por favor, acuéztenloz y manténgaloz en obzervazion. Cuando ze recuperen vamoz a converzar. Mañana vendremoz por una vizita de rigor para recabar datoz zobre loz acontezimientoz”. Después de ir a acostarlos y darles sopa, supimos que se habían arrancado a la playa a tirarse unos hongos. Y como los pacos vendrían al otro día, todos podíamos caer (porque a todo esto, mi tía vendía hongos alucinógenos en la pensión, pero eso es para otra historia). Así que decidimos enviarlos de vuelta a Santiago en el primer bus del día siguiente para descartar cualquier riesgo. Y así nació una bella historia de amor.

Yo volví un par de semanas después de Chiloé y me junté con el Eusebio. Me cuenta que ya está pololeando con la Bea, pero que sólo se han dado besitos y tomado de la mano, nada más. Y que estaba asustado porque la mina quería presentarle a sus papás y todo. Al parecer todo iba bien. Pero en un momento me confesó su problema: era virgen. Y no todo queda ahí. También sufría del peor caso de eyaculación precoz del mundo. Tanto, que ante el más mínimo estímulo, el tipo se mandaba una gran descarga de líquido seminal, lo que sumado a un desperfecto hormonal que había agrandado su pene defectuosamente, hacía terribles las posibles consecuencias. Y para más remate, su mina le estaba ejerciendo presión. Me contó que que habían estado en la pensión y la Bea se le había tirado encima, pero la tuvo que bajar porque le daba miedo arruinar el momento. Como amigo, le recomendé visitar un doctor especialista para solucionar su problema y quedamos de que iría al mejor de Santiago.

A la semanas me veo con el Eusebio en la U y lo veo todo achacado, más de lo normal. Me cuenta que a la noche está invitado donde la Bea a conocer a sus papás, pero que le da lata. Lo apoyo, le digo que le caerá bien a todo el mundo, que esté tranquilo. En eso, lo llaman al celular, y es la Bea. Le dice que ese día no podrá ser. Que su papá había tenido un problema con un paciente en la consulta y que incluso él había terminado con lesiones, así que lo dejaran para otro día. Cuando me cuenta su futuro suegro es médico, me acuerdo del consejo que le di. Me dice que el doctor que encontró no era tan bueno, que no le daba confianza y quería buscar otro. Tenía su punto el hombre.

Empezaron a pasar unos días y el Eusebio no iba a clases. Lo llamaba y no me contestaba. Mensajes, tampoco. Messenger, menos. Así que fui a verlo a la pensión. La tía Chita me dice que el Eusebio casi no sale de la pieza y “que bueno que lo fui a ver”. Golpeo la puerta y lo veo destruido. Triste, deprimido, con cara de catástrofe mundial. Me siento al lado de él y me cuenta su tragedia. Me dice que terminó con la Bea, todo por culpa de su maldito problema. Y ahí la historia se vuelve cuática. Me dice “te acordai que el viejo de la Bea es médico? Bueno, el día que estaba invitado a su casa, su viejo tuvo un atado con un paciente. Resulta que estaba examinando a este tipo y el loco tuvo una reacción así como violenta y lo dejó con heridas en el ojo. Pero no fue cualquier herida. El paciente era un eyaculador precoz con un gran pene y le tiró una gran descarga seminal en el ojo. Casi lo pierde con la fuerza del impacto. A los pocos días de ese episodio, fui a conocer a los papás de la Bea. Y veo al viejo con un parche en el ojo. Salí de la casa corriendo y no hablé más con la Bea. El papá de la Bea es urólogo. El paciente soy yo“.

Quedé pa la cagá con la historia, pero como todo buen amigo, le di consejos, que no era su culpa. Que se cambiara de especialista (a un psiquiatra porque el trauma es pal pico) y todos los consejos que un partner puede dar. Lo invito a salir, a tomar unas cervezas, cualquier cosa, pero me dice que es muy pronto para salir. Que me va a llamar cuando se recupere. Así que me despido de un gran abrazo. Cuando salgo de la pensión, noto que tengo algo extraño en mi pantalón. Era el Eusebio que había derramado una de sus espesas lágrimas en respuesta a la emoción del abrazo.

Les juro que es verdad.

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lectore



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