Cartas al director: El sórdido lado oscuro de ZooloTV

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A raíz del post de ReticenteLa TV en que vivimos: ZooloTV, adelantados a su tiempo“, un lector de Loserpower identificado con el nick Larry Capija envió sus vivencias en el programa al post. Como Zooloserpower es un medio pluralista y buscador de la verdad, creemos menester publicarlo y compartirlo con todos ustedes para que se formen una opinión informada acerca de lo que en realidad era el programa. Al autor del testimonio lo invitamos cordialmente a ponerse en contacto con nosotros a nuestra casilla de correo electrónico [email protected].

Lo que sigue puede ser incómodo para el Kiwi, poderes fácticos orientales y personas con problemas al corazón, le rogamos al lector discreción porque el siguiente escrito es fuerte. A continuación, el texto íntegro que recibió Loserpower:

De Larry Capija:

Yo sé un par de verdades incómodas sobre ZooloTV. La verdad es que me encantaría contarles más, pero no cuento con mucho tiempo ya que mientras escribo esto, es muy probable que alguien se acerque al café desde donde les escribo y haga que este sea mi fin. Les cuento:

Durante un par de meses me desempeñé en ZooloTV, interpretando al buitre Yimy, personaje miserable de poca relevancia. La vida del personaje no era tan mala en comparación a lo que tenía que vivir tras cámaras. Recibí malos tratos constantes, jornadas de trabajo de 16 horas, nunca me pagaron las imposiciones ni aguinaldos. Quizás eso pasa en muchos trabajos, pero lo que les contaré a continuación, no creo: como todos los televidentes pudieron notar, el Kiwi era amo y señor del programa, pero su poderío se extendía más allá de la pantalla catódica. Muchas veces fui obligado a animar cumpleaños de su familia, donde fui golpeado por niños rubios y jamás alimentado. Debía arrancar al antejardín a tomar agua de la manguera para capear el calor. Otras veces fui obligado a animar otros cumpleaños a través de la productora del Kiwi, sin recibir dinero alguno. Ni siquiera para la movilización. Además de ser el responsable del disfraz (tuve que firmar un pagaré de un millón de pesos en garantía) tenía que pagar una especie de arriendo por el traje, que se me descontaba mensualmente de mi salario. Mi sacrificada madre cada domingo en la noche lo lavaba a mano, limpiando la suciedad, dulces pegados, sudor y lágrimas. Sobre todo lágrimas.

Pero quizás lo más extraño y oscuro fue esta especie de imperio que el Kiwi fue armando dentro del set, un imperio con roles y jerarquía. Estaban las “Lolitas”, preadolescentes y adolescentes de sexo femenino que formaban parte del elenco. Estas niñas contaban con camarín privado, donde se les instruía para trabajar en el comercio sexual por parte de “La Tía Cata” (Catalina Palacios) y recibían clases de striptease por parte de Hugo Urrutia. En ese camarín, después de las grabaciones entraban políticos, futbolistas, animadores, empresarios y hacían fiestas hasta altas horas de la noche. También estaban los “Tíos”, parte del equipo de producción encargados de que todo estuviera en orden. Controlaban todo lo que pasaba en el set y espiaban a todo el equipo con cámaras y micrófonos escondidos. Los productores generales eran llamados “Tíos Abuelos” y funcionaban a puertas cerradas en una oficina, de la cuál salía y entraba continuamente el Kiwi. Gente como yo, camarógrafos, el chancho Mortadela y utileros éramos llamados “Los Rotos” y nuestra única función era obedecer a todos. Ir a comprar toallas higiénicas y medicamentos abortivos a las “Lolitas”, ir a dejar o buscar paquetes a altas horas de la noche a domicilios de dudosa procedencia y visitar domicilios privados (no conocidos) de figuras políticas y televisivas, donde nunca pudimos entrar. Nuestra labor era avisar cualquier movimiento extraño que se pudiera dar en las afueras. Y por último estaban “Las Manos”, los dos titireteros del programa de los que no recuerdo su nombre, encargados de la compra y venta de drogas y fármacos (proveedores directos en esos tiempos de Ricardo Claro, presidente del canal), así como material audiovisual al que nunca tuve acceso. Solían tener trato directo con el Kiwi sólo en los estacionamientos del subterráneo y según rumores, eran ellos los que mandaban, pero por su falta de carisma, nunca pudieron ganar un lugar de prestigio en la TV.
No sé como aguanté lo sórdido del programa… quizás fue por el tonto sueño de ser director de cine algún día y encontrar mi oportunidad desde el mundo de la TV. Pero un día ese sueño se acabó.

Se me cita un jueves en la mañana al set de ZooloTV. Debo llevar mi disfraz de Jimy. Se me dice que he trabajado mucho y que soy un buen elemento para el equipo y por lo mismo, me he ganado un fin de semana libre y un taco de cheques restaurant a nombre del ex animador de Interferencia, Giovanni Canale (dato irrelevante). Eso sí, debía dejar el disfraz porque un practicante me reemplazaría ese fin de semana. Por la mantención no habría problema, ya que el próximo fin de semana lo entregarían totalmente limpio. Ese fin de semana me hice mierda los cheques restaurant, recorrí todos los locales de Pio Nono y perdí mi virginidad con una artesana de Vallenar que vendía aros afuera de una schopería. Le invité unos completos y unas maltas Morenita y tras varias botellas me invitó a su pensión. Fue hermoso y místico también porque fumamos cualquier paraguas.

cata

Al siguiente fin de semana fui a trabajar y fue un poco mejor. La misma mierda de siempre la verdad, sólo que estaba feliz por haberle visto el ojo a la papa y porque el traje olía muy bien, ya que contaban con más presupuesto para el detergente que mi mamá. Cuando volvía a la casa dejé el traje en el living para guardarlo después, pero mi mamá lo tomó igual para lavarlo. Iba la mitad de Chile Tuday ese domingo, lo recuerdo bien, y escucho un grito de mi mamá desde el lavadero. Me llamaba desesperada. Llego y la veo pálida y asustada. Me acerco a ella y la abrazo, cuando cae desmayada. La llevo al sillón y vuelve en si. Me dice “Hijo… no vuelvas más a ese canal, prométemelo por tu Tata” y me pasa una bolsa anudada con un papel en su interior manchado con sangre. La letra era temblorosa y decía “Yimy, o la persona que haya encontrado esta nota en el disfraz. Soy Miguel T, practicante de la carrera de Teatro. Llevo 24 horas encerrado en un camarín de Megavisión. La persona que me trajo aquí es el Kiwi. Me conoció en un club nocturno donde trabajo de gogo dancer. Siempre llegaba con gente conocida, políticos, actores, gente de la tele. Pero también gente ligada a oscuros negocios. Muchas veces lo vi con el Murci, un loco muy raro que siempre iba al local. Decían que tiene una productora de porno sadomasoquista, violaciones y videos snuff. Siempre se iban al salón oscuro con el Kiwi a tener sexo. A veces entraban con politicos y otros famosos. Dicen que para su cumpleaños entraron con unos doberman y salieron llenos de caca de perro. Cuando entré al set del canal vi que lo estaban forrando con plástico y tenían los mismos perros doberman de la otra vez. Ahora escucho gemidos de personas como si estuvieran amordazadas, aullidos de perro y música tecno industrial. Ahora escucho una sierra eléctrica. Y después de eso silencio. Creo que es mi turno. Por favor, ayúdame”.  Me cagué de miedo, pero fui con ese papel a la PDI esa misma noche. Me tomaron la declaración y me dijeron que en los próximos días me llamarían.

El día miércoles me llaman de la PDI para decirme que era todo una broma de mal gusto. Todo era sospechoso así que decidí ir de sorpresa a hacer una visita al canal. Cuando llego, el guardia no me deja entrar. Me dice que está don Ricardo Claro en el set evaluando una nueva escenografía y no quiere que entre nadie. Me hice el huevón y me quedé conversando con el guardia, tratando de ver que pasaba en el set. Lo único que alcancé a ver fue al Kiwi y a “Las Manos” cargando un camión con cajas plásticas llenas de videocasetes que salían de la sala de edición. En eso uno de “Las Manos” me reconoce y me grita “oye, huevón… que hací acá, ándate pa la casa” y le dice al guardia que me eche. El guardia me mira con cara de “así es la cosa” y me dice que me vaya. Así que me quedé en la esquina de Vicuña Mackenna con Grecia esperando cualquier movimiento. Esperé como 2 horas y a eso de las 8 de la noche sale el auto de Ricardo Claro, seguido de una van del canal, donde alcancé a ver al Kiwi, a una de Las Manos y a la Tía Cata. Como caché que no había peligro me devolví para ver si el guardia soltaba algo. Cuando voy pasando por la portería, sale el camión que estaban cargando con videos. Miré y caché que esa hora ya habían cambiado el guardia y estaba Jaimito, que era super buena onda. Me invitaba a jugar a la pelota y le tiraba los cagaos a mi mamá esa vez que fue al programa a verme actuar. Viejo caliente. Así que hice como que iba pasando y le grito desde la calle “Buena Jaimito, cómo va la pega?”. Se acerca a mi y me ofrece un cigarro.

Nos pusimos a conversar del Palestino, me preguntó por mi mamá y otras hueás de viejo aburrido. Ahí aprovecho de preguntarle por el camión, si sabía donde iba. Y me dice “que es un despacho privado de don Ricardo y que lo van a guardar en una de sus bodegas. Que es material confidencial, archivos de sus negocios, documentos y esas cosas”. Le pregunto la dirección y no me quiere decir. Le digo que el fin de semana viene mi mamá de nuevo y ahí la suelta. Me dice que parte del cargamento va a la casa de don Ricardo y que van empacadas en plástico, para ser guardadas en bóvedas. Ahí nada que hacer. Nunca iba a entrar allá. La PDI obviamente esta encubriendo todo y yo era un suche más dentro del programa. Pero quería seguir investigando y nadie me lo iba a impedir. Eso creía yo.

Cuando llego el sábado a la entrada de Mega, veo humo y gente llorando. Se acerca la señora del casino y me abraza y me dice: “Mijito… el Jaimito”. Cuando avanzo, veo todo el set en cenizas y un cuerpo calcinado. Era el Jaimito. Me acerco a un perito y le pregunto qué pasó, cómo se quemó. Me dice que fue suicidio, que se roció con parafina y que lo trataron de salvar, pero se había encerrado en el set. Y ahí se va a seguir con las pericias. Después se me acerca el Mortadela y me dice “cuático lo del Jaimito… sabí lo que estaba haciendo encerrado ahí? Estaba viendo unas películas sadomasoquistas, con pedofilia, asesinatos, torturas… y eran chilenas parece. Que cuático… te imaginai te pasa eso a ti?. Lo peor, es que dicen que nos quedamos sin pega… se acaba el programa”. Le pregunto quién le contó lo de Jaimito. Me dice que El Kiwi y Las Manos le contaron. Que se les habían quedado algo en el set y se devolvieron. Cuando llegaron, pillaron al Jaimito viendo esas películas en la sala de edición y cuando se dio cuenta que lo habían cachado, se encerró en la sala, se encerró con parafina y se prendió. No pudieron hacer nada los jefes. Ahí se quemó el Jaimito con una de caja de plástico llena de películas”.

¿Realidad  detrás del oscuro mundo de la tv o el creepypasta de un esquizofrénico con mucho tiempo libre?
Juzgue usted en su casa.-

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