BIBA RICKY MARTIN! Unicornios y arcoiris en la marcha por la diversidad sexual

15°° horas y Santiago seguía frío a pesar de que la multitud que convocó La Marcha por la Diversidad Sexual parecía estar en el trópico. Pienso en Paty Maldonado o en el senador Larraín. Ojalá vieran esta escena sacada de una película de John Waters o de esos videos de Tom Rubnitz como el Pickle Surprise. En buena sí, el registro gráfico que logramos me da un poco la razón. Supongo que es chocante para algunos; para nosotros no. Piola, simpático, nada del otro mundo. Hay mucho material para reírnos. No de ellos, eso sí, con ellos. Cliché esa hueá, igual nos reíamos. Vuelvo a pensar en los próceres de la tolerancia, en la memoria del respetable Jaime Guzmán y en La Botota. Ése hubiera sido un gran encuentro. Un calugazo baboso con harta lengua hubiera firmado la paz entre ellos.
La marcha está dispersa entre la “explanada de las artes” frente al teatro de la Chile y el parque Bustamante. Un camión cargado de travestis da inicio a la procesión que “acabaría” en el Paseo Bulnes. Comienza el delirio.

Mientras caminamos por la Alameda pienso en varios gritos que podrían ser catalogados como homofóbicos. Los grito igual, son fomes y por suerte no me acuerdo como eran. Abrimos una cerveza. Otra más. Ya hueón a gritar. BIBA ELTON YON, BIBA YORSH MAIKOL. Mucha gente anda repartiendo panfletitos con info sobre la marcha: igualdad sexual, combos para irse a casar a Argentina y fiestas en Bellavista. Pienso que sería necesario que alguien repartiera uno que diga “Bienvenido al mundo del sida”. Como ese mito urbano con los teléfonos públicos, o las agujas en los cines, o las minas que te rayaban eso con rouge en el espejo del baño. Travesuras.

La marcha sigue, anda una Madonna con relleno que no logro fotografiar porque ya llevamos un par de sixpack y no enfoco bien. Todo es bien pasivo en verdad. Chiste fácil, claro, pero también es verdad. Pensaba ver muchos evangélicos dando jugo, bailando enajenados y poseídos alrededor de un transformista. Tocando la guitarra y el banjo como si de eso dependiera su estancia en el cielo. No se da la mano. Todo muy tranquilo. En el edificio institucional de las empresas Gabriela Mistral me da la hueá y me subo a un paradero de micro. Más fome que sacarle fotos a la marcha. A un montón de gente. Puras cabezas. En verdad me iba a subir a bailar pero el techo es frágil y mis pasos algo destructivos. Prefiero privar al pueblo de mis pasos majestuosos elevados por el alcohol y me dedico a lo mío.

De los balcones de los edificios aledaños a la Alameda se ven carteles que apoyan la manifestación, mientras sus propietarios bailan a guata pelá. Una escena dantesca. El bullying se hace presente y la masa grita: ¡Pasivos, pasivos! Pienso en los vecinos que no sabían de la condición de los arrendatarios del piso de arriba, esos que ahora bailan volaos, semi desnudos y que mañana compartirán el mismo ascensor con ellos. Una verdadera prueba de tolerancia y aceptación. Viva la diversidad. Tras de mí un grupo conversa sobre algo que a nosotros también nos llamó mucho la atención: está lleno de gringos, de extranjeros. Y no es que estén participando en la marcha. Andan por ahí, tomando fotos, sorprendidos con un negro igual a Rupaul. Uno dice: “No, si esto pasa siempre, lo hacemos las locas todos los sábados”. Otro dice: “A esta hora nos vamos todos al Fausto, por eso tanta gente”. Risas coquetas.

La marcha ya empieza a llegar a su fin en calle Bulnes. Un escenario dispuesto está ready para que Francisca Valenzuela, Rolando Jiménez y otros travestis muestren su arte y así deleitar al público. Huele a pito y a maquillaje. Hora de partir. La marcha se acabó para nosotros.

Fotos: Motosierra



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