Al sabotaje muchachos!: Microterrorismo literario a la Loserpower

 

Un 19 de Marzo de 2004, el típico ahueonao aguafiestas del curso avisó de que alguien había dejado en la página 119 del libro de inglés “Magic Teens 1” de 1º Medio que repartía el gobierno de ese entonces, una joya de la literatura en las que se podían leer cosas como: “arturo prats era un viejo culiao cochino que ni se afeitava.”

Inspirados por aquella acción, en MeEstoyArriesgandoPower quisimos adentrarnos en los archivos secretos que guarda la biblioteca del Liceo Industrial de Puente Albo, para dilucidar qué mierda pasó un día como hoy. Chatos del discurso culiao que todos los años hace un resumen de toda la mierda que nos repiten todo el resto del año, nosotros haremos el propio.

La Historia de Chile como nos hubiera gustado que nos la contaran en clases, con enanas embetunás en aceite, a la vuelta de este corte comercial.

Corre video!

CAPÍTULO I: LA LOCURA BRITÁNICA

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El tejido del espacio-tiempo retrocede hasta la isla de Aix en Francia, en 1809.

Una flotilla de pequeños barcos se mueve silenciosamente abrigados por la noche, un británico conocido por estar cagao de la cabeza fija su mirada en una embarcación de bandera francesa: un ataque sorpresa a la flota Napoleónica está en curso. Lord Cochrane, el loco Cochrane, toma por asalto al navío y con su pequeña flotilla cargada con explosivos logra hundir a la mitad de los barcos de Napoleón Borntoparty sin perder a un solo pelao. El almirante que lo acompaña lo deja tirao, lo que no permite que Cochrane pueda rematar al resto de la flota.

Salvada Gran Bretaña de una posible invasión; Cochrane, conocido por su buen ánimo y su increíble carisma, denunció care raja al chuchesumadre por semejante mariconada y, como en todo el mundo, al que terminaron echando y desacreditando fue a él.

Cochrane, un maestro del sigilo

Cochrane, un maestro en el sigilo y en el fino arte de despreciar la integridad física.

Un tal Bernardo O’Higgins había escuchado hablar de las locas aventuras del llamado Lord mientras estaba en Londres, y se lo trajo para que lo ayudara a armar una flota en el ya casi independizado Chile.

Eso nos lleva a 1817 con Cochrane poniendo los pies sobre tierra meada, Valparaíso.

Sin perder un solo británico segundo se puso en campaña y se garchó a la flota española que todavía andaba hueviando en el sur. Coronó tremenda campaña en 1820 con la captura del barco español más poderoso en el Pacífico: La fragata Esmeralda.

La misma vieja técnica pero sin explosiones

Aquella maravilla terminó después hundida y enterrada en lo que actualmente es la plaza Sotomayor en Valpo. Al legado de Cochrane lo mean fines de semana y festivos.

 

¿Qué le dio Chile a cambio? NADA. Hace casi 200 años éramos igual de conchesumadres que ahora. Sólo tuvo honores simbólicos y una hacienda que le quitaron cuando se fue.

Tiempo después se dieron cuenta que les hacía falta un barco nuevo – perfectamente guerrero en su construcción y armamento – entonces se mandaron a hacer una corbeta nue-ve-ci-ta-de-pa-que-te y al momento de bautizarla, en un acto de generosidad sin precedentes, se acordaron del loco Cochrane y la nombraron Esmeralda en su honor.

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Esto te podías comprar con 200 lucas de la época.

 

CAPÍTULO II: ESO ES PIRATERÍA!

1865, Papudo

Luis Fery, comandante de la goleta española “Vírgen de la Covadonga”, avista en el horizonte a un barco de bandera inglesa. Con su español catalejo y su española vista de águila observa el barco y su bandera, el barco… y su bandera, el barco y… entonces pensativo, en un perfecto español comenta: “Sospechosa esta hueá”.

Sin más demora ordena parar todo el hueveo y la tripulación obediente, apunta los cañones al barco que se acerca listos para reventar al conchesumadre por si se les ocurre hacer algo.

En el otro barco, el capitán de aún desconocida nacionalidad espera pacientemente hasta que la distancia de tiro es la adecuada. Cuando esto sucede, rompe simultáneamente el fuego con toda la artillería de estribor.

Juan Williams Rebolledo, ponía en práctica las mañas aprendidas del viejo zorro Cochrane. Comandando la corbeta Esmeralda que ya cumplía 10 años de servicio, se batía en feroz combate.

Con un poco de imaginación podemos ver lo encarnicado del combate

Con un poco de imaginación podemos sentir el clamor de la batalla

Resulta que los artilleros chilenos resultaron ser bastante buenos, porque sin perder a ningún hombre ni contar heridos, reventaron el cañón de popa español y mataron a unos cuántos dejando a la goleta sin posibilidades de huir.

Rebolledo entonces, envía a Manuel Thomson a hacer posesión de ella. Chile se calza a los españoles y la armada suma otro barco: la Covadonga.

Este es el habilidoso Juan. El Curacavino, los de la NASA. Un millón de copias obligao

CAPÍTULO III: EL ORGULLO DEL PERÚ

Los peruanos al ver que estaba todo el mundo agarrándose a fierrazos decidieron romper el chanchito y en 1864 mandan gente a Inglaterra a cotizar barcos.

Llegaron a un acuerdo para construir dos blindados a toda raja, pero se volvieron changos al gastarse una cantidad tan absurda de plata en uno de ellos, que se coronó como el barco más caro del Perú en todo el siglo XIX

Ramón Castilla un loquillo

Ramón Castilla, presidente del Perú, no escatimaba en gastos.

Muchos expertos estaban de acuerdo con la paternidad de la Independencia con el resto de la escuadra peruana, opinión que no era compartida por un barbón conocido: Miguel Grau, quién decía que su Huáscar la tenía más grande. De todas formas, no había país latinoamericano capaz de igualar aquél poderío naval.

 

CAPÍTULO IV: EL PENÚLTIMO INCA

El famoso Huáscar (nombrado así en honor al penúuuultimo inca del imperio, hermano del último, Atahualpa) se mandó a construir al mismo tiempo que la Independencia y era tanto o más agilao que ésta.

Lo que pocos saben, es que antes de que el Huáscar y la Independencia llegaran a Perú, éstos llegaron a Chile. Incluso se reparó al Huáscar en Valparaíso. ¿Cómo es eso posible? Antes de la guerra del Pacífico existió la guerra hispano-sudamericana, en la que ambos países eran aliados. En eso andaba Juanito cuando se robó a la Covadonga.

Miguel Grau, también conocido como “El Caballero de los Mares” no fue el primer capitán del Huáscar, pero si el último de una larga lista de gente que no pasó mucho tiempo a cargo.

Antes de llegar finalmente a Perú, le pasaron mil hueás: chocó con la Independencia, sufrió un montón de intentos de motín, tormentas e incluso lo usaron de remolque.

Llegados a 1879 y ante una posible guerra contra Chile, reforzaron aún más a los dos acorazados metiéndole más hueás encima los culiaos: incluso metralletas.

De éstas tenían los peruanos arriba del Huáscar

De las mismas Gatling que usaron contra Tom Cruise en El Último Samurai tenían los peruanos arriba del Huáscar.

CAPÍTULO V: AQUEL VEINTIUNO

21 de mayo de 1879

Juan Guillermo More al mando de la Independencia, junto a Miguel Grau en el Huáscar llegaban a una ciudad costera peruana: Iquique. Algún gracioso estaba bloqueando el puerto y no iban a mandar cualquier hueá a ver qué pasaba con algo, iban a ir con todo.

Sin embargo un mes atrás, otra cosa se estaba cocinando en Antofapasta:

Nuestro buen amigo Juanito (el de la Esmeralda), por esas alturas ya no era cualquier pelao: era el contraalmirante Juan Williams Rebolledo, comandante de los ejércitos del norte, general de las legiones Félix  comandante en jefe de la escuadra nacional.

Desde el gobierno le dicen al Juan que vaya a hueviar a Callao porque allí estaba la escuadra peruana. Juanito como es de habilidoso, con admirable precisión marina se da cuenta rápidamente que Callao queda a la reconchasumadre y que sus provisiones y combustible no le iban a alcanzar para un pique directo.

Decide llegar hasta Iquique.

Si Juanito hubiese comprado barcos con alas, nada de esto hubiera pasado

Si Juanito hubiese comprado barcos con alas, nada de esto hubiera pasado

A cañonazo limpio se abre camino, y una vez allí, OTRA VEZ lo huevean desde el gobierno para que vaya a Callao, que allí estaba la escuadra peruana. Chato de que lo hueviaran, Juanito como es de habilidoso, decide llevar lo mejor que tiene y dejar a los más pollos a lo más charcha en Iquique.

Junto a la Covadonga, deja a un transporte que se llamaba Lamar cuya única gracia fue existir y a su regalona Esmeralda, que ya estaba más usá que travesti de 10 de Julio. No tenían previsto que vieran combate, así que también dejaron en ella a los grumetes más jóvenes para que no tuvieran que sufrir una batalla.

Ambas escuadras se habían cruzado en altamar, sin verse.

El Lamar, a punto de ser cargado.

El Lamar como me gusta imaginarlo. Lo más impresionante que hizo fue desaparecer para siempre en 1880. Ahora es Lamar el Mago.

CAPÍTULO VI: EL JEFE

6:30 AM

La Covadonga que ya tenía 20 años de duros combates en el cuerpo, avista al enemigo en el horizonte y da aviso a la Esmeralda que espera cerca de la orilla con un cañonazo. Las cartas están tiradas, está más que claro que el estado de los barcos no permite la huida.

Resulta que cuatros años antes, mientras la Esmeralda se mantenía en Valparaíso y estaba comandada por Luis Alfredo Lynch, se desmadró el cielo y se largó una tormenta que dejó la pura cagá. Fue tanto, que un barco llamado Valdivia se soltó y chocó a la Esmeralda, la que a su vez impactó con otro.

Lynch estaba enfermo y tenía a la regalona a cargo de un teniente que da lo mismo quién fue, por lo que voy a decir que fue Gutiérrez.

Gutiérrez siempre se manda los cagazos.

Gutiérrez siempre se manda los cagazos.

La Esmeralda estuvo a punto de hundirse por culpa de Gutiérrez si no fuera porque SuperLynch se materializó arriba de unos botes y lanzándose bravo al agua, se trepó por un costado del barco para intentar el salvataje a punta de cuerdas y amarres.

Lynch insultando a Dios por maltratar a la Esmeralda. Se gastaron 100 lucas y más tiempo que la mierda en arreglar el condoro de Gutiérrez.

Detrás de Lynch, se tiró al agua otro hueón que también estaba con licencia y también se trepó por donde mismo para prestarle ropa. Era un veinteañero que había servido en el barco cuando éste era dirigido por el buen Juanito, participó también del abordaje y la captura de la Covadonga. Acompañó a Thomson cuando le asignaron el premio, y aguantó tiempo después el bombardeo de los españoles como respuesta al lanzazo.

Ese mismo hueón que había ayudado a salvar en aquella ocasión a la veterana corbeta, era ahora el capitán, y tenía el deber de aleonar a su gente:

“Cabros, estamos pedíos. Esta hueá ya la perdimos, pero pobre del culiao que me baje la bandera porque lo reviento. Nunca nos hemos rendido y mientras yo viva conchetumare, no nos rendiremos jamás. Están vios que si me masacran, los embaraos tienen que hacer igual la pega.”

Agustín Prat (conocido en los bajos mundos como Arturo Prat Chacón), ejercía ahora como jefe del bloqueo y estaba TERRIBLE BÉLICO. 

buenoykepaza

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CAPÍTULO VII: EL ACTO FINAL

2 horas después a eso de las 8 de la mañana, el Huáscar estando lo suficientemente cerca efectúa el primer disparo de artillería. Pero Grau tenía a puros incompetentes a su cargo: durante media hora ningún cañonazo salido del Huáscar hace impacto en la Esmeralda. Con la Covadonga lo tenían como motel en el día de la secretaria, pero aquellos cañonazos no eran una amenaza para el acorazado.

Prat mientras es bombardeado también desde tierra, manda a la Covadonga al sur y al Lamar con bandera británica junto a ella, siendo estos perseguidos por la Independencia. Pero ese ya, es otro cuento.

El infierno se había desatado en cubierta, los bombazos de tierra estaban convirtiendo al barco y a los marinos, en astillas y carne molida. La sangre empezaba a cubrirlo todo.

En los años 70 esta Esmeralda también se tiñó de sangre.

Durante 17 años esta Esmeralda también se tiñó de sangre.

Grau entonces, decide espolonear a la Esmeralda. En el primer asalto Prat aprovecha de abordar junto a unos pocos que lo escucharon. Ya en cubierta enemiga, manda al infierno al único peruano que murió en el Huáscar antes de que lo taparan en plomo a él también.

Hubo dos espolonazos más ese día, dos abordajes más también ocurrieron, todos rechazados a punta de metralleta y fusilería. Muerto Prat y ante el ofrecimiento de Grau a que aceptaran rendirse, los capitanes que quedaban supieron cumplir con su deber. A las 12:10 del día la Esmeralda se iba a la B junto con la vida de 143 marineros, muchos de ellos eran los grumetes que no tenían más de 15 años.

Prat no fue el único héroe aquel 21 de Mayo, muchos más se habían sacrificado para que Chile estuviera donde estaba. No se hubiera vencido a la armada española o a la peruana si no hubiera gente como todos los que conocieron el infierno arriba de la Esmeralda.

No se si es más tripeao ver ángeles o tirarse a un barco con sable y revólver en mano.

No se si es más tripeao ver ángeles y morir en pose dramática o tirarse a un barco con sable y revólver en mano, matar a un hueón y morir con una bala en el cráneo.

 

Prat, Condell, Cochrane, el Juancho y muchos otros antes que ellos, abandonaron toda lógica al abrazar la esperanza en un acto absurdo y temerario para proteger algo tan ambiguo como lo es la Patria.

Seguirán muriendo tontamente los valientes enfrentados a las personas equivocadas, mientras no aprendamos que el verdadero enemigo nunca es el que está allí arriesgando la vida por algo que no termina nunca por entender.

El verdadero enemigo es quién los envía.



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